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Fortaleciendo así la Capacidad Médica Integral.

sábado, 17 de enero de 2026

Una Dosis de la Vacuna contra el VPH es tan Efectiva como Dos

Resumen
 
Una sola dosis de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) proporcionó una protección comparable a la del estándar actual de dos dosis. 

Los hallazgos sugieren que los regímenes de vacunación de dosis única podrían prevenir eficazmente el VPH y los cánceres que causa, en particular el cáncer de cuello uterino. El VPH es la infección de transmisión sexual más común en Estados Unidos. 

Las infecciones con tipos de VPH cancerígenos pueden causar cáncer de cuello uterino, que causa la muerte de 250,000 mujeres en todo el mundo cada año. 

El virus puede causar otros tipos de cáncer, como el cáncer orofaríngeo (cáncer de la parte posterior de la garganta, que incluye la base de la lengua y las amígdalas) y cánceres de vulva, vagina, pene y ano. Algunos otros tipos de VPH pueden causar verrugas genitales. 

La vacunación contra el VPH podría prevenir muchos de estos cánceres. Sin embargo, a nivel mundial, el acceso a la vacuna sigue siendo limitado. 

Menos del 30% de las adolescentes en todo el mundo han sido vacunadas. El régimen estándar de vacunación contra el VPH para adolescentes consta de dos dosis. 

Sin embargo, la evidencia emergente sugiere que una sola dosis puede brindar protección suficiente. Un régimen de dosis única sería más fácil de obtener y, desde 2022, la Organización Mundial de la Salud lo recomienda cuando dos dosis no son prácticas. 

Hasta ahora, ningún estudio había evaluado directamente si un régimen de dosis única brindaría una protección comparable a la de dos dosis. 

Un ensayo clínico financiado por los NIH, dirigido por la Dra. Aimée Kreimer, del Instituto Nacional del Cáncer de los NIH, y la Dra. Carolina Porras, de la Agencia Costarricense de Investigaciones Biomédicas, comparó una sola dosis de la vacuna contra el VPH con dos dosis. 

El ensayo incluyó a más de 20 000 niñas de 12 a 16 años en Costa Rica. Las niñas se inscribieron entre noviembre de 2017 y febrero de 2020. 

Los investigadores también encuestaron a más de 3000 mujeres y niñas no vacunadas para estimar la prevalencia del VPH entre las no vacunadas. 

Los resultados se publicaron en el New England Journal of Medicine el 3 de diciembre de 2025. 

Las participantes fueron asignadas aleatoriamente para recibir una dosis de cualquiera de las dos vacunas contra el VPH, ambas en uso desde hace 20 años. 

Una vacuna "bivalente" estaba dirigida a dos tipos de VPH, el VPH16 y el VPH18, que representan más del 77 % de los cánceres de cuello uterino en todo el mundo. 

Una vacuna "nonavalente" estaba dirigida a estos dos tipos, además de a otros cinco tipos que causan cáncer y dos que causan verrugas genitales. 

Seis meses después de la primera dosis, la mitad de las participantes recibió una segunda dosis de la misma vacuna. 

La otra mitad recibió, en cambio, una vacuna contra el tétanos, la difteria y la tos ferina como grupo de control. A las niñas de 15 años o más se les realizó una prueba de detección de nuevas infecciones por VPH cada seis meses durante cinco años. 

Para ambas vacunas, una dosis proporcionó protección contra las infecciones persistentes por VPH en el cuello uterino. Esta protección no fue estadísticamente inferior a la proporcionada por dos dosis. 

Las infecciones persistentes se definieron como aquellas que duraron al menos seis meses o dos visitas de seguimiento consecutivas. Al comparar las tasas de infección en la encuesta y en los grupos del ensayo, el equipo de investigación estimó la eficacia de cada combinación de vacuna y dosis. 

En todos los casos, las vacunas tuvieron una eficacia de al menos el 97 % en la prevención de infecciones persistentes por VPH 16 y 18. 

“Los hallazgos sugieren que una sola dosis de cualquiera de las vacunas contra el VPH proporcionará una protección adecuada contra la infección por VPH y los cánceres de cuello uterino subsiguientes con la misma eficacia que dos dosis”, afirma Kreimer. 



Website The New England Journal of Medicine: 
https://www.nejm.org/

Un Nuevo Fármaco Candidato Revierte la Enfermedad Hepática Metabólica y la Fibrosis

Investigadores de la Universidad McMaster lideran estudios preclínicos sobre un nuevo fármaco candidato desarrollado por Espervita Therapeutics, que tiene el potencial de prevenir y revertir la fibrosis hepática, una peligrosa acumulación de tejido cicatricial en el hígado inducida por la enfermedad, que a menudo conduce al cáncer. 

Los hallazgos apuntan a un posible nuevo tratamiento para los millones de personas que viven con enfermedades hepáticas, abordando una grave deficiencia en la que actualmente no existen medicamentos aprobados en Canadá. 

Los prometedores resultados se publicaron en enero de 2026 en la revista Cell Metabolism. 

La fibrosis hepática es un síntoma avanzado de una enfermedad llamada esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH), que se presenta con mayor frecuencia en personas con obesidad u otras afecciones metabólicas, como la diabetes tipo 2. 

Además del cáncer, la fibrosis hepática puede contribuir a un infarto de miocardio y un accidente cerebrovascular, y en última instancia, puede requerir un trasplante de hígado. 

Sin embargo, a pesar de la gravedad de estos resultados, los investigadores afirman que las opciones de tratamiento para la MASH y otras enfermedades hepáticas siguen siendo limitadas. 

“Actualmente, no contamos con medicamentos aprobados en Canadá para tratar la MASH”, explica Greg Steinberg, profesor del Departamento de Medicina de McMaster y autor principal de la investigación. “

Actualmente, a los pacientes se les suele recetar una dieta mediterránea y algunas recomendaciones sobre estilo de vida y ejercicio, pero no se han aprobado intervenciones médicas específicas en Canadá. 

Y aunque dos terapias han recibido recientemente la aprobación en EE. UU. y la UE, estos agentes solo han demostrado reducir la fibrosis en aproximadamente un tercio de los pacientes”. 

Steinberg, miembro ejecutivo de NexusHealth en McMaster, afirma que si bien el paradigma terapéutico actual puede, en algunos casos, ralentizar la progresión de la enfermedad hepática, generalmente no revierte el daño relacionado con la fibrosis que ya se ha producido. 

Sin embargo, según los primeros datos preclínicos, un nuevo fármaco candidato, caracterizado en su laboratorio como parte de una colaboración de investigación con Espervita Therapeutics, sí lo consigue. 

En el estudio, el equipo de investigación de Steinberg, en colaboración con investigadores de Estados Unidos, Francia y Australia, demostró en modelos de enfermedad los potentes efectos curativos y restauradores de una novedosa terapia de moléculas pequeñas. 

El fármaco candidato, desarrollado por Espervita Therapeutics, donde Steinberg es director científico, accionista y cofundador, se está evaluando a través de una colaboración de investigación con la Universidad McMaster, donde científicos han demostrado que puede ayudar a controlar los niveles de azúcar en sangre, reducir el colesterol y destruir la acumulación de grasa que causa la fibrosis hepática. 

El compuesto, EVT0185, se describió inicialmente como un posible tratamiento para el cáncer de hígado, tras detallarse su prometedora actividad antitumoral en un artículo publicado en la prestigiosa revista Nature. 

Si bien sigue siendo muy prometedor como tratamiento contra el cáncer, este reciente descubrimiento demuestra que también lo es como una posible opción de tratamiento para la MASH. 

“Existe una enorme necesidad insatisfecha de agentes que reduzcan la fibrosis hepática y que también tengan un efecto positivo sobre la glucemia y el colesterol”, afirma Steinberg, codirector del Centro de Investigación sobre Metabolismo, Obesidad y Diabetes de McMaster. 

“Este fármaco candidato aborda una importante brecha terapéutica y tiene el potencial de cambiar fundamentalmente la forma en que tratamos las enfermedades hepáticas graves y, a su vez, prevenir el cáncer de hígado y otras complicaciones, como la diabetes y las enfermedades cardíacas”. 

La nueva molécula pequeña, que ataca simultáneamente dos enzimas críticas para controlar la síntesis y la quema de grasas, llamadas ACLY y ACSS2, desencadena lo que Steinberg describe como una "válvula de liberación de carbono" en el cuerpo, que impide que la materia dañina se acumule en el hígado y el torrente sanguíneo y, en su lugar, la desvía fuera del cuerpo a través de la orina. 

Steinberg afirma que el nuevo compuesto multiusos está en vías de entrar en ensayos clínicos para 2027, a la espera de la fase final de estudios preclínicos y toxicológicos. Este estudio contó con el apoyo financiero de Espervita Therapeutics, los Institutos Canadienses de Investigación en Salud, MITACS y la Universidad McMaster. 



Website Cell Metabolism: 
https://www.sciencedirect.com/journal/cell-metabolism

La Resistencia al Lenacapavir tiene un Costo para la Salud frente al VIH

El VIH puede desarrollar mutaciones de la cápside que confieren resistencia al lenacapavir, pero esto puede afectar la capacidad viral, según los resultados de un estudio publicado en Science Translational Medicine. 

Estos hallazgos tienen implicaciones para el uso de lenacapavir en el tratamiento del VIH y la profilaxis preexposición (PrEP). 

“A medida que se amplía el uso de [lenacapavir] tanto para la PrEP como para el tratamiento, estos hallazgos resaltan la importancia de mantener la medicación complementaria completamente activa durante el tratamiento del VIH, mejorar el acceso a las pruebas de resistencia y la vigilancia, y acelerar el desarrollo de inhibidores de la cápside de próxima generación”, escribieron Manish Choudhary, PhD, y Jonathan Li, MD, del Hospital Brigham and Women’s y la Facultad de Medicina de Harvard, en un comentario adjunto. 

Lenacapavir, el primer inhibidor de la cápside del VIH de su clase de Gilead Sciences, fue aprobado por primera vez en 2022, bajo el nombre comercial Sunlenca, como componente de una terapia combinada para personas con VIH multirresistente con amplia experiencia en tratamientos. 

Debido a que funciona de forma diferente a otros antirretrovirales (alterando la membrana cónica que rodea el material genético y las enzimas esenciales del VIH), el lenacapavir se mantiene activo contra el virus que ha desarrollado resistencia a otras clases de fármacos. 

El ensayo CAPELLA demostró que la mayoría de las personas que no lograban mantener una carga viral indetectable con su régimen anterior lograron la supresión viral tras cambiar a una combinación que contenía inyecciones de lenacapavir cada seis meses. 

El ensayo CALIBRATE demostró que el lenacapavir también es eficaz como componente del tratamiento de primera línea. 

El lenacapavir también fue aprobado en junio pasado para la PrEP, bajo la marca Yeztugo, después de que dos grandes ensayos demostraran que reducía drásticamente el riesgo de contraer el VIH en mujeres jóvenes en África (PROPÓSITO 1) y en hombres gays, bisexuales y personas de género diverso en Estados Unidos y otros seis países (PROPÓSITO 2). 

Si bien el lenacapavir por sí solo es adecuado para la prevención del VIH, debe combinarse con otros antirretrovirales —o potencialmente con anticuerpos ampliamente neutralizantes— para el tratamiento a fin de limitar la aparición de resistencia a los fármacos. 

Incluso cuando se utiliza lenacapavir en terapia combinada, el VIH a veces puede desarrollar mutaciones en su proteína de la cápside que provocan resistencia. 

Esto puede ocurrir, por ejemplo, si otros fármacos de un régimen no son lo suficientemente potentes o si la adherencia es subóptima. Esto también puede ocurrir si alguien utiliza lenacapavir solo para la PrEP cuando tiene una infección aguda no diagnosticada.

Sin embargo, estas mutaciones pueden afectar la capacidad del virus para replicarse eficientemente, según el nuevo estudio. Nina Pennetzdorfer, PhD, de Gilead Sciences, y sus colegas caracterizaron posibles mutaciones de la cápside asociadas a la resistencia en 40 muestras de VIH obtenidas de personas tratadas con lenacapavir en los ensayos CAPELLA y CALIBRATE, así como en 44 mutantes dirigidos (virus genéticamente modificados). 

Algunos participantes de CAPELLA añadieron inicialmente lenacapavir a un régimen que estaba fallando, y algunos tenían un virus tan resistente que no les quedaban suficientes fármacos para crear un régimen de base completamente activo. 

En pruebas de laboratorio, los clones de VIH con mutaciones en la cápside mostraron diversos grados de disminución de la susceptibilidad al lenacapavir. 

El análisis estructural mostró que las mutaciones alteraron la capacidad del fármaco para unirse al virus, lo que se asoció con una menor potencia.

Sin embargo, las mutaciones que confirieron mayor resistencia también provocaron un deterioro sustancial de la replicación viral. Un cambio, denominado M66I, redujo la capacidad de replicación a menos del 20 % de la del virus no mutado. 

Esto sugiere que el VIH sin las mutaciones probablemente superaría a las versiones mutantes, lo que podría haber sido el caso de varios participantes de CAPELLA que recuperaron la supresión viral con lenacapavir a pesar de la resistencia sin cambiar su régimen de base. 

“Estos hallazgos brindan información sobre los mecanismos de resistencia al lenacapavir y subrayan los costos de adaptación inusualmente altos asociados con las mutaciones de la cápside emergentes del tratamiento”, concluyeron los autores del estudio. 

Resulta tranquilizador que el desarrollo de resistencia al lenacapavir sea poco común, según declaró a Fierce Biotech el vicepresidente sénior de Gilead, Dr. Jared Baeten, MD, PhD. 

Sin embargo, los hallazgos subrayan la importancia de combinar lenacapavir con otros agentes activos, mantener una buena adherencia al tratamiento y la vigilancia continua de las mutaciones de resistencia. 



Website Science Translational Medicine: 
https://www.science.org/journal/stm

La Curación de la Hepatitis C podría Confirmarse antes en Personas que se Inyectan Drogas

La curación de la hepatitis C en personas que se inyectan drogas podría evaluarse de forma fiable varias semanas antes de lo que establecen actualmente los protocolos clínicos. 

Así lo sugiere un estudio reciente publicado en la revista Open Forum Infectious Diseases. 

En la investigación han participado casi 70 personas adultas con infección por el virus de la hepatitis C (VHC) y antecedentes de consumo de drogas por vía intravenosa. 

El estudio demuestra que las mediciones realizadas cuatro semanas después de finalizar el tratamiento ofrecen resultados idénticos a los obtenidos a las doce semanas, que constituyen el estándar actual de confirmación de la curación. 

Incluso las pruebas realizadas justo al terminar el tratamiento mostraron una elevada concordancia. 

Este hecho abre la puerta a adelantar el momento en que se confirma la curación y a reducir la pérdida durante el seguimiento en poblaciones especialmente vulnerables, como las personas usuarias de drogas por vía intravenosa, que presentan mayores dificultades para acudir de forma regular a las visitas de control. 

Tratamientos muy eficaces, pero dificultades en el seguimiento El tratamiento de la hepatitis C ha cambiado de forma radical en la última década gracias a los antivirales de acción directa (DAA). 

Estos fármacos logran tasas de curación superiores al 95 % en la mayoría de las personas tratadas. 

Sin embargo, la forma de confirmar esa curación sigue siendo un punto crítico, sobre todo en colectivos con dificultades para mantener un seguimiento prolongado dentro del sistema sanitario. Tradicionalmente, la curación se confirma midiendo la carga viral del VHC a las doce semanas de completar el tratamiento. 

Este criterio se conoce como respuesta virológica sostenida a las 12 semanas (RVS12). El nuevo estudio plantea que este plazo podría acortarse de manera segura en determinados contextos. Resultados equivalentes en menos tiempo 

El trabajo analizó la concordancia entre distintos momentos de medición de la carga viral. En concreto, se compararon los resultados obtenidos al finalizar el tratamiento, a las cuatro semanas y a las doce semanas posteriores. 

El objetivo principal era determinar si la respuesta virológica sostenida a las cuatro semanas (RVS4) podía considerarse un indicador fiable de curación en personas que se inyectan drogas, un grupo habitualmente infrarrepresentado en los ensayos clínicos. 

Cabe destacar que un estudio previo en personas con VHC ya había evidenciado la viabilidad de utilizar la RVS4, aunque no estaba específicamente dirigido a personas usuarias de drogas por vía intravenosa. 

Los resultados fueron claros. La concordancia entre la medición a las cuatro semanas y la realizada a las doce semanas fue perfecta. Todas las personas que presentaban carga viral indetectable a las cuatro semanas seguían estando libres del virus a las doce semanas. Además, las pruebas realizadas justo al finalizar el tratamiento mostraron un valor predictivo positivo cercano al 97 % y un valor predictivo negativo del 100 %. 

En la práctica, esto significa que cuando el virus no se detectaba al final del tratamiento, lo más probable era que la curación se confirmara posteriormente. 

Una población con alta vulnerabilidad social En el conjunto de la muestra, aproximadamente el 84 % de los participantes alcanzaron la curación confirmada a las doce semanas. 

Se trataba de una población con características sociales y clínicas complejas. 

La mayoría vivía por debajo del umbral de la pobreza y más del 80 % había consumido drogas inyectables en el año previo. A pesar de ello, los resultados demostraron que las mediciones tempranas eran tan fiables como las realizadas en el plazo estándar. 

Implicaciones para la práctica clínica y la salud pública La posibilidad de confirmar la curación antes tiene implicaciones prácticas relevantes. 

Uno de los principales problemas en el manejo de la hepatitis C, especialmente en poblaciones con menor vinculación al sistema sanitario, es la pérdida de seguimiento entre el final del tratamiento y la visita de control a las doce semanas. 

Si la curación puede confirmarse de forma fiable a las cuatro semanas, o incluso al finalizar el tratamiento en casos no complicados, se reduciría el número de personas que no completan el proceso diagnóstico y mejorarían los indicadores de éxito terapéutico. 

Las guías clínicas más recientes ya contemplan la RVS4 como alternativa en pacientes sin cirrosis o sin tratamientos previos con antivirales de acción directa. 

Sin embargo, hasta ahora existía menos evidencia específica en personas que se inyectan drogas, un grupo clave desde el punto de vista de la transmisión del virus. 

Este estudio aporta datos del “mundo real” que respaldan la aplicación de este criterio también en esta población. 

Seguimiento continuado No obstante, los investigadores subrayan que adelantar el punto de evaluación no elimina la necesidad de un seguimiento continuado. 

Existe un pequeño riesgo de recaída tras el tratamiento o de casos en los que la carga viral no desaparece completamente hasta justo después de finalizarlo. 

Además, las personas con mayor riesgo de reinfección deben seguir realizando pruebas periódicas. En conjunto, los hallazgos apoyan la viabilidad de acortar los plazos de confirmación de la curación del VHC en personas que se inyectan drogas, siempre en casos no complicados y dentro de un marco de seguimiento adecuado. 

Esta estrategia podría contribuir a los objetivos de eliminación del VHC como problema de salud pública establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), sin comprometer la seguridad ni la fiabilidad del diagnóstico de curación. 



Website Open Forum Infectious Diseases: 
https://academic.oup.com/ofid

Los Inhibidores de la Integrasa podrían Reducir el Riesgo Cardiovascular en Personas con el VIH

Un amplio estudio realizado en Estados Unidos ha concluido que el uso de inhibidores de la integrasa se asocia a un menor riesgo de sufrir eventos cardiovasculares graves en personas con el VIH. 

Los resultados se han publicado en Annals of Epidemiology. Estudios previos habían apuntado en sentido contrario, aunque de forma inconsistente. 

Por ello, estos nuevos datos aportan una perspectiva relevante en un debate todavía abierto. 

El análisis se centró en personas adultas en seguimiento clínico rutinario, muchas de ellas de edad avanzada, con distintas comorbilidades y con un acceso desigual al sistema sanitario. 

Los resultados contrastan con algunos datos procedentes de otros países y apuntan a que esta familia de fármacos podría ofrecer un perfil cardiovascular más favorable. 

Cómo se diseñó el estudio La investigación analizó datos de personas con el VIH sin enfermedad cardiovascular diagnosticada antes de iniciar el tratamiento ni durante el primer año posterior a su inicio. 

El objetivo era excluir posibles casos previos no detectados. A partir de ahí, se evaluó la aparición de infarto de miocardio, ictus o enfermedad coronaria a lo largo del seguimiento. 

Se comparó a quienes recibían inhibidores de la integrasa con quienes seguían otros regímenes antirretrovirales. 

El trabajo se desarrolló en el marco de la cohorte All of Us Research Program, diseñada para reflejar mejor la diversidad racial, étnica y social de la población estadounidense. Un debate abierto por resultados contradictorios 

Hasta ahora, la relación entre los inhibidores de la integrasa y el riesgo cardiovascular ha generado controversia. 

Esta se intensificó tras la publicación del estudio REPRIEVE, que mostró que el cambio a tratamientos basados en un inhibidor de la integrasa se asociaba a un mayor riesgo de obesidad, diabetes, hipertensión y síndrome metabólico, todos ellos factores que aumentan el riesgo cardiovascular. 

Además, algunos estudios realizados en Europa, América Latina y Australia describieron un aumento transitorio del riesgo cardiovascular durante los primeros meses tras iniciar este tipo de tratamiento, especialmente infartos o ictus. 

Sin embargo, ese exceso de riesgo parecía desaparecer con el paso del tiempo. Otras investigaciones, con seguimientos más largos o tamaños muestrales menores, no encontraron diferencias claras o solo observaron tendencias no significativas. 

En este contexto, el nuevo estudio estadounidense aporta una visión distinta. Frente a la hipótesis de un posible efecto adverso inicial, los datos muestran que el uso de inhibidores de la integrasa se asoció de forma consistente con una reducción del riesgo cardiovascular global frente a otros tratamientos antirretrovirales. 

Esta diferencia se mantuvo incluso tras ajustar por factores de riesgo clásicos, como la edad avanzada o la presencia de otras enfermedades crónicas. 

Resultados en personas con experiencia en tratamiento El análisis incluyó dos grupos principales. 

La cohorte general estaba formada por algo más de 2.100 personas, en su mayoría hombres, y más de la mitad pertenecían a minorías étnicas. 

Cerca del 40 % tomaba medicación hipolipemiante y un porcentaje similar presentaba al menos una comorbilidad relevante. En este grupo, uno de cada cinco participantes experimentó algún evento cardiovascular durante el seguimiento. 

Se trata de una cifra elevada, explicable en parte porque el estudio incluyó también a personas con angina de pecho o aterosclerosis coronaria, indicadores de riesgo cardiovascular relevante. 

La edad superior a 70 años duplicó el riesgo, y la presencia de múltiples comorbilidades lo triplicó.

Sin embargo, el único factor asociado de forma consistente a una reducción del riesgo cardiovascular fue el tratamiento con inhibidores de la integrasa. 

Haberlos tomado en algún momento se relacionó con una reducción del riesgo cercana a dos tercios, mientras que recibirlos de forma exclusiva se asoció a una disminución de alrededor de un tercio. Qué implican estos hallazgos 

El segundo análisis se centró en una subcohorte de unas 1.300 personas que iniciaron el tratamiento con regímenes sin inhibidores de la integrasa. 

Dentro de este grupo, quienes cambiaron posteriormente a este tipo de fármacos presentaron una reducción aún mayor del riesgo cardiovascular, cercana al 70 %, en comparación con quienes mantuvieron el tratamiento inicial. 

Los autores sugieren que este posible efecto protector podría estar relacionado con un perfil metabólico más favorable. No obstante, dado que estudios previos habían apuntado en sentido contrario, el asunto sigue siendo controvertido. 

Será necesario acumular más evidencias clínicas para establecer con mayor precisión el perfil cardiovascular de los inhibidores de la integrasa. 



Website Annals of Epidemiology: 
https://www.sciencedirect.com/journal/annals-of-epidemiology

La Curación de la Hepatitis C Reduce el Riesgo de Cáncer Hepático en Personas con el VIH

La curación de la hepatitis C con antivirales de acción directa (DAA) reduce el riesgo de cáncer hepático en personas con el VIH. 

Esta reducción del riesgo es progresiva, se observa a largo plazo y resulta más relevante en aquellas personas con un menor grado de fibrosis hepática. 

Un estudio publicado en Clinical Infectious Diseases ha analizado esta cuestión en personas adultas con infección por el VIH y el virus de la hepatitis C (VHC). Todas ellas lograron curarse del virus hepático gracias al uso de DAA. 

Los resultados muestran que el riesgo de desarrollar cáncer hepático no desaparece por completo tras la curación, pero sí disminuye de forma clara con el paso de los años. Mayor riesgo en los primeros años tras la curación 

El estudio se basó en un amplio análisis de cohortes de Europa y Norteamérica. 

Los datos muestran que el periodo de mayor vulnerabilidad se concentra en los primeros años tras la curación del VHC. Este hallazgo refuerza la importancia de una vigilancia precoz del cáncer de hígado en este grupo de población especialmente vulnerable. 

La coinfección por el VIH y el VHC se asocia desde hace tiempo a una progresión más rápida de la enfermedad hepática y a un mayor riesgo de carcinoma hepatocelular, el principal tipo de cáncer de hígado. 

La llegada de los DAA supuso un cambio radical, ya que permitió alcanzar tasas de curación muy elevadas, incluso en personas con fibrosis avanzada o cirrosis. 

Un estudio amplio en personas con VIH y hepatitis C Sin embargo, persistía la duda sobre cuál era el riesgo real de cáncer hepático a largo plazo en la práctica clínica habitual, especialmente en personas con el VIH. 

Para responder a esta cuestión, los investigadores analizaron datos mensuales procedentes de la colaboración multinacional HepCAUSAL, que agrupa cohortes de seguimiento en Europa y Norteamérica. 

El estudio incluyó a personas adultas con el VIH y el VHC sin tratamientos previos con DAA, con fibrosis avanzada o cirrosis, carga viral del VIH controlada y sin antecedentes de hepatitis B, cáncer hepático ni trasplante de hígado. 

En total, más de 3.800 personas aportaron al menos un periodo basal elegible para el análisis. 

La población estudiada presentaba un perfil clínico complejo: una mediana de edad cercana a los 60 años, predominio masculino, alta frecuencia de antecedentes de consumo de drogas inyectadas y una proporción elevada de cirrosis hepática en el momento de iniciar el seguimiento. 

El riesgo disminuye con el paso del tiempo Cerca de dos tercios de las personas comenzaron tratamiento con DAA. 

Tras un seguimiento medio superior a cuatro años, se diagnosticaron varios casos de carcinoma hepatocelular, lo que permitió estimar el riesgo acumulado a seis años. 

Bajo el supuesto de que todas las personas elegibles hubieran iniciado tratamiento antiviral, el riesgo acumulado de cáncer hepático a seis años se situó ligeramente por encima del 2,5%. 

No obstante, el dato más relevante fue la evolución temporal del riesgo. La probabilidad anual de desarrollar carcinoma hepatocelular fue más alta durante el primer año tras iniciar el tratamiento y descendió de forma constante en los años posteriores. 

Desde valores cercanos al 0,8% en el primer año, el riesgo anual disminuyó progresivamente hasta situarse en torno al 0,1% entre el quinto y sexto año. 

A partir del tercer año, la probabilidad anual cayó por debajo del umbral que habitualmente se considera coste-efectivo para el cribado sistemático. 

La fibrosis avanzada sigue siendo un factor clave El grado de daño hepático previo al tratamiento resultó determinante para explicar las diferencias de riesgo. 

Las personas con cirrosis hepática presentaron un riesgo acumulado de cáncer hepático más elevado que aquellas con fibrosis avanzada, pero sin cirrosis. 

En el grupo con cirrosis, el riesgo a seis años se situó en torno al 2,4%, mientras que en las personas con fibrosis avanzada fue claramente inferior, con menos casos detectados durante el seguimiento. Estas diferencias también se reflejaron en las tasas de incidencia anual. Implicaciones para la vigilancia clínica 

En conjunto, los resultados refuerzan la idea de que la curación de la hepatitis C no elimina por completo el riesgo de cáncer hepático en personas con el VIH y enfermedad hepática avanzada. Sin embargo, el descenso progresivo del riesgo con el paso del tiempo aporta una base sólida para replantear estrategias de vigilancia más ajustadas al perfil individual. 

Los investigadores señalan que la vigilancia del carcinoma hepatocelular es especialmente importante durante los primeros años tras el tratamiento con DAA, cuando se concentra la mayor parte del riesgo. 

Con el paso del tiempo, especialmente a partir del tercer año, el riesgo disminuye de forma notable, lo que abre el debate sobre la intensidad y duración óptimas de los programas de seguimiento. 



Website Clinical Infectious Diseases:
https://academic.oup.com/cid

El Desarrollo de Resistencia a Lenacapavir Debilita la Capacidad de Replicación del VIH

El VIH puede desarrollar mutaciones que le permiten escapar al efecto de lenacapavir (Sunlenca®, Yeytuo®), un antirretroviral de acción prolongada. 

Sin embargo, ese “escape” tiene un precio: el virus pierde la capacidad de replicarse al mismo ritmo que antes de mutar. 

Así lo muestra un estudio publicado en Science Translational Medicine, cuyos resultados ayudan a entender mejor cómo usar este fármaco tanto en el tratamiento como en la prevención del VIH y qué precauciones son necesarias para evitar la aparición de resistencias. Lenacapavir presenta actividad en distintas etapas del ciclo de replicación viral. 

Así, lenacapavir actúa sobre la cápside viral, inhibiendo los procesos de ensamblaje –es decir, evitando que las nuevas partículas virales que se hayan podido elaborar alcancen el grado de madurez necesario para poder infectar a otras células– y desensamblaje –es decir, evitando también el transporte del material genético del VIH al núcleo celular. 

Esto le llevó a su aprobación en la Unión Europea como antirretroviral de acción prolongada  y como profilaxis preexposición frente al VIH (PrEP).

Su novedoso mecanismo de acción explica por qué mantiene actividad frente a virus que ya son resistentes a otros tratamientos y por qué ha despertado tanto interés en los últimos años. 

El desarrollo de resistencias a lenacapavir y cómo estas condicionan la capacidad de replicación del VIH -un concepto conocido como fitness viral- fundamentaron el desarrollo del presente estudio, ya que con otros antirretrovirales se había observado en el pasado que las mutaciones de resistencia podrían reducir dicho fitness. 

Dicho extremo se observa, por ejemplo, con la mutación de resistencia a lamivudina (especialidad farmacéutica genérica [EFG]) conocida como M184V. 

Mutaciones que protegen, pero debilitan El nuevo estudio analizó muestras del VIH procedentes de ensayos clínicos clave en los que se evaluó lenacapavir tanto en personas con experiencia previa en múltiples tratamientos como en aquellas que iniciaban el tratamiento antirretroviral por primera vez. 

En concreto, se estudiaron virus obtenidos de participantes en los ensayos clínicos CAPELLA y CALIBRATE, además de virus modificados en laboratorio para introducir mutaciones específicas en la cápside. 

Los investigadores observaron que ciertas mutaciones en la proteína de la cápside reducían la sensibilidad del VIH al lenacapavir. A nivel estructural, estos cambios alteraban la forma en la que el fármaco se une a su diana, disminuyendo su potencia. 

Sin embargo, cuanto mayor era la resistencia conferida por la mutación, mayor era también el impacto negativo sobre el fitness del virus, es decir, su capacidad para replicarse y competir con virus no mutados. 

Uno de los ejemplos más claros fue la mutación conocida como M66I, que redujo la capacidad replicativa del VIH a menos del 20% en comparación con el VIH sin mutaciones. 

En términos prácticos, esto significa que, aunque el virus se vuelva menos sensible al fármaco, también se vuelve mucho menos eficiente para propagarse dentro del organismo. 

Este fenómeno podría explicar por qué algunos participantes de los ensayos recuperaron la supresión virológica con lenacapavir incluso después de detectarse mutaciones de resistencia, sin necesidad de modificar el resto de su tratamiento. 

El virus “resistente”, pero debilitado, habría sido desplazado por variantes más fuertes pero sensibles al fármaco. Implicaciones para tratamiento y prevención 

Los resultados son tranquilizadores, pero no eliminan los riesgos. En el contexto del tratamiento, la aparición de resistencias suele estar relacionada con regímenes incompletos —cuando no se dispone de suficientes fármacos activos— o con problemas de adherencia. 

En prevención, con la PrEP, el mayor peligro sería que, dado que en dicho contexto lenacapavir se usa en monoterapia, en caso de darse una infección aguda no diagnosticada se podría favorecer la selección de mutantes resistentes. 

Por ello, los datos refuerzan varios mensajes clave para la práctica clínica. En primer lugar, la importancia de utilizar lenacapavir siempre acompañado de otros fármacos activos en el tratamiento de la infección por el VIH. 

En segundo lugar, la necesidad de mejorar el acceso a pruebas de resistencia y a sistemas de vigilancia que permitan detectar precozmente la aparición de mutaciones relevantes. 

Y, por último, la conveniencia de seguir desarrollando nuevos inhibidores de la cápside que puedan actuar incluso frente a variantes ya resistentes. 

En conjunto, el estudio subraya que la resistencia a lenacapavir no es gratuita para el VIH. 

El virus puede adaptarse, pero lo hace sacrificando una parte importante de su capacidad para replicarse. 



Website Science Translational Medicine: 
https://www.science.org/journal/stm