El riesgo de padecer herpes zóster continúa siendo significativamente mayor en personas con el VIH, incluso en el contexto de un tratamiento antirretroviral efectivo.
Así lo confirma un estudio observacional realizado en Canadá, que ha analizado durante más de una década la incidencia de la infección por herpes zóster en adultos con y sin el VIH.
Los resultados muestran no solo una mayor prevalencia en personas con el VIH, sino también una aparición a edades más tempranas.
El análisis, basado en datos clínicos y administrativos de miles de personas, apunta, además, a factores tales como el estado inmunológico, la carga viral o la presencia de comorbilidades como determinantes clave del riesgo, al tiempo que pone de relieve una baja cobertura vacunal incluso en aquellos grupos de mayor edad.
**Mayor incidencia y aparición precoz: un riesgo persistente
El estudio incluyó a cerca de 9.000 personas con el VIH y un grupo control seronegativo del mismo tamaño, con más de 100.000 persona-años de seguimiento acumulados.
Durante este periodo, más de 1.200 personas con el VIH desarrollaron, al menos, un episodio de herpes zóster, frente a poco más de 500 en el grupo sin VIH.
La incidencia observada fue de 14,5 casos por cada 1.000 persona-años en personas con el VIH, más del doble que la observada entre seronegativos, donde se situó en 6,9 casos por cada 1.000 persona-años.
Este diferencial se mantuvo incluso en personas en tratamiento antirretroviral eficaz y carga viral controlada, lo que indica que la supresión virológica no elimina completamente el riesgo.
Uno de los hallazgos más relevantes fue el desplazamiento del riesgo hacia edades más tempranas en personas con el VIH. Mientras que en la población general el herpes zóster se asocia principalmente al envejecimiento, en personas con el VIH aparece antes, lo que refuerza la hipótesis de un envejecimiento inmunológico acelerado.
El análisis también identificó factores asociados a un mayor riesgo de desarrollar herpes zóster. Entre ellos destacaron la edad avanzada, los recuentos bajos de CD4 —especialmente por debajo de 50 células/mm³—, la presencia de carga viral detectable y una mayor carga de comorbilidades, tanto físicas como psiquiátricas.
El riesgo no depende únicamente del control del VIH, sino del estado de salud general y del sistema inmunitario.
**Vacunación infrautilizada pese a su eficacia
A pesar de tratarse de una enfermedad prevenible, la cobertura vacunal frente al herpes zóster fue baja en la población analizada, incluso entre personas mayores de 50 años.
Esta baja implementación de la estrategia preventiva se observó especialmente en aquellos grupos más vulnerables, lo que limita el impacto potencial de la vacunación.
El estudio evaluó tanto la vacuna atenuada como la vacuna recombinante. Aunque los datos con la vacuna atenuada fueron limitados, los resultados asociados a la vacuna recombinante fueron especialmente relevantes: la incidencia de herpes zóster en personas vacunadas fue extremadamente baja.
Aunque el tamaño muestral impidió realizar comparaciones estadísticas robustas, la tendencia observada respalda fuertemente la efectividad de la vacuna en condiciones reales.
Esto resulta especialmente relevante en el contexto del VIH, donde la prevención de infecciones asociadas a la inmunosupresión sigue siendo una prioridad clínica.
**Implicaciones clínicas y necesidad de cambio de enfoque
Los resultados del estudio confirman tres aspectos clave para la práctica clínica. En primer lugar, que el riesgo de herpes zóster en personas con el VIH comienza antes de lo que tradicionalmente se considera.
En segundo lugar, que un buen control virológico no equivale a una normalización completa del riesgo. Por último, que la vacunación es una herramienta eficaz para reducir este riesgo.
Sin embargo, existe una desconexión entre las recomendaciones y su aplicación en la práctica clínica. Muchas guías ya contemplan la vacunación frente al herpes zóster en personas con el VIH adultas, independientemente de la edad.
A pesar de ello, en muchos entornos sigue predominando un enfoque basado exclusivamente en la edad.
El modelo actual sigue priorizando la edad, cuando el riesgo está determinado también por la situación inmunológica.
En conjunto, los datos refuerzan la necesidad de replantear el abordaje del herpes zóster en personas con el VIH.
La combinación de mayor incidencia, aparición precoz y disponibilidad de una intervención preventiva eficaz configura un escenario claro: es posible reducir este riesgo si se actúa de forma anticipada y sistemática.
Website The Journal of Infectious Diseases:
https://academic.oup.com/jid
