Las personas con el VIH y con infección por el virus de la hepatitis B (VHB) que además adquirieron el virus de la hepatitis D (VHD) presentan un riesgo mucho mayor de desarrollar cirrosis y de morir por causas relacionadas con el hígado. Así lo muestran los resultados de un estudio realizado en Taiwán y publicado en Clinical Infectious Diseases.
El trabajo analizó la evolución clínica de personas coinfectadas durante más de una década.
La investigación revela que las personas con infección triple por VIH, VHB y VHD pueden llegar a tener casi diez veces más probabilidad de fallecer por complicaciones hepáticas que aquellas con VIH y VHB.
Los datos proceden del seguimiento de más de quinientas personas atendidas entre 2011 y 2022, con observación clínica extendida hasta finales de 2023.
*Un virus dependiente que agrava la enfermedad hepática
El virus de la hepatitis D es un patógeno peculiar. No puede replicarse por sí solo y necesita la presencia del virus de la hepatitis B para completar su ciclo de vida.
Por este motivo, solo afecta a personas que ya están infectadas por el VHB.
Cuando ambas infecciones coinciden, el daño hepático suele progresar de forma más rápida y agresiva.
En personas con infección crónica por el VHB, el hígado puede deteriorarse de forma progresiva. Este daño incluye fibrosis, cirrosis, cáncer hepático o insuficiencia hepática terminal.
La presencia adicional del VHD acelera este proceso. En el contexto del VIH, donde el sistema inmunitario ya está comprometido, el impacto puede ser aún mayor.
Las vías de transmisión del VIH y del VHB son similares. Se producen principalmente por contacto sexual sin protección y por exposición a sangre contaminada.
Por ello, la coinfección entre ambos virus es relativamente frecuente.
En la actualidad, los tratamientos antirretrovirales que contienen tenofovir son activos frente al VIH y también frente al VHB.
Esto ha mejorado notablemente el pronóstico de las personas con ambas infecciones. Sin embargo, este fármaco no tiene una eficacia significativa frente al virus de la hepatitis D.
*Incidencia de hepatitis D y evolución clínica
El estudio incluyó a 534 personas con coinfección por VIH y VHB que recibían atención médica especializada.
Al inicio del seguimiento, 36 de ellas (6,7%) ya presentaban infección por VHD.
Durante el periodo de observación —que acumuló casi 4.000 persona-años de seguimiento— otras 50 personas adquirieron el virus.
Esto supone una incidencia de 12,54 casos de hepatitis D por cada 1.000 persona-años.
Entre quienes se infectaron durante el seguimiento predominaban los hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (GBHSH), que representaban el 88% de los nuevos casos.
No obstante, el análisis identificó que el mayor riesgo de adquisición estaba asociado al consumo de drogas inyectables.
Estos datos refuerzan la necesidad de realizar cribados periódicos de hepatitis D en personas con infección crónica por VHB que presenten factores de riesgo.
Esto es especialmente relevante en personas con prácticas sexuales sin protección o con antecedentes de uso de drogas por vía intravenosa.
La frecuencia del cribado debería adaptarse a la prevalencia local del virus.
Mayor mortalidad hepática pese al tratamiento del VIH
A lo largo de un seguimiento medio de diez años, 25 participantes fallecieron por cualquier causa.
Aunque la mortalidad global fue relativamente baja, las diferencias entre los grupos fueron notables al analizar las complicaciones hepáticas.
Las personas con triple infección por VIH, VHB y VHD mostraron:
**más muertes relacionadas con el hígado (3,5% frente a 0,4%)
**mayor frecuencia de cirrosis (11% frente a 3,6%)
**más brotes de hepatitis (28% frente a 14%)
**En conjunto, la probabilidad de fallecer por causas hepáticas fue casi diez veces mayor en el grupo con hepatitis D.
El estudio no detectó un aumento significativo en el riesgo de cáncer de hígado en las personas con infección triple.
Esto sugiere que el principal impacto del VHD se relaciona con el agravamiento de la enfermedad hepática crónica y con la progresión hacia cirrosis o insuficiencia hepática.
Opciones terapéuticas limitadas
El tratamiento de la hepatitis D sigue siendo un desafío.
El interferón pegilado ha sido durante años una de las pocas opciones disponibles. Sin embargo, su eficacia es limitada y no todas las personas responden.
Además, puede asociarse a efectos adversos importantes.
En Europa existe un antiviral específico, la bulevirtida, aprobado para tratar la hepatitis D crónica.
Este fármaco bloquea la entrada del virus en las células hepáticas y ha mostrado resultados prometedores. Sin embargo, aún no está disponible en gran parte del mundo.
Además, no está indicado en personas con cirrosis descompensada.
Debido a estas limitaciones, la vacunación frente al VHB, el diagnóstico precoz y la vigilancia clínica son fundamentales.
El seguimiento periódico del VHD en personas con VIH y hepatitis B permite detectar complicaciones a tiempo y orientar mejor las decisiones clínicas.
Mientras no existan tratamientos curativos ampliamente efectivos, los expertos subrayan la importancia de la monitorización regular del estado hepático y del cribado sistemático.
Website Clinical Infectious Diseases:
https://academic.oup.com/cid
