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jueves, 26 de enero de 2023

Un Estudio Arroja más Luz sobre los Mecanismos de la Inflamación Inmunitaria Crónica en Personas con el VIH

Un estudio reciente, cuyos resultados han sido publicado en la revista AIDS, ha revelado que, al contrario de lo que se pensaba, la inflamación persistente que experimentan algunas personas con el VIH es debida a los efectos provocados del virus durante la infección crónica no tratada. 

Es bien sabido que el tratamiento antirretroviral es extremadamente eficaz en el control de la replicación del VIH, lo que permite a las personas disfrutar de una esperanza de vida similar a la de la población general. 

Sin embargo, en muchas personas –especialmente aquellas que inician el tratamiento después de que la infección crónica se haya establecido– se observa que el sistema inmunitario muestra una hiperactivación, dando lugar a una inflamación persistente en el organismo. 

Esta respuesta inflamatoria podría estar relacionada con una mayor incidencia de diversas comorbilidades no relacionadas con el VIH, como enfermedades cardiovasculares, diabetes y ciertos tipos de cáncer, así como con la mortalidad. 

Por este motivo, entender los procesos que hay detrás podría ayudar a desarrollar terapias para prevenir (o minimizar) la inflamación crónica, algo que repercutiría en un aumento de la calidad de vida de las personas con VIH. 

Uno de los mecanismos postulado para explicar el motivo por el que la inmunidad específica frente al VIH fomentaría la inflamación se basa en la acción del denominado interferón-gamma, una citoquina antivírica. 

En su respuesta a posibles patógenos, las células-T responden liberando dicha citoquina, que a su vez podría activar la respuesta de los macrófagos (otras células del sistema inmunitario) que podría traer consigo la liberación de otras citoquinas que favorecen la inflamación. 

Precisamente para poner a prueba esta posibilidad un equipo de investigadores decidió utilizar los datos procedentes de una cohorte de 99 personas del estudio A5321 de ACTG (siglas en inglés de Grupo de Ensayos Clínicos sobre el Sida), en el que se investigaron los reservorios de VIH de personas en tratamiento antirretroviral prolongado. 

Las edades de las personas en el estudio oscilaban entre los 23 y los 74 años, y eran mayoritariamente varones (74%). 

En cuanto al origen étnico, el 49% eran de raza blanca, el 30% de origen hispano y el 18%, de raza negra. 

Todas las personas participantes habían experimentado una infección virémica y crónica por el VIH antes de iniciar la terapia antirretroviral, pero una vez dentro del estudio habían mantenido cargas virales indetectables (por debajo de 50 copias/mL) durante una mediana de 7 años (dentro de un intervalo de entre 4 y 15 años). 

Para probar la hipótesis del estudio, se examinó la existencia de posibles relaciones entre las respuestas de las células-T específicas del VIH (determinadas a partir de los niveles de interferón-gamma) y los niveles de diversos biomarcadores relacionados con la activación inmunitaria o las respuestas inflamatorias (por ejemplo, la interleuquina-6, la proteína C reactiva o la forma soluble del clúster de diferenciación 14 [sCD14, en sus siglas en inglés, un marcador de translocación bacteriana y de activación de monocitos]). 

Todos estos parámetros se registraron en el momento de entrar en el estudio, pero también se dispuso de los valores previos al inicio del tratamiento antirretroviral, lo que permitió evaluar si las respuestas durante el tratamiento tenían alguna influencia sobre la inflamación con independencia de los niveles basales anteriores a empezar a tomar antirretrovirales. 

El análisis no halló correlaciones significativas, lo que sugiere que, contrariamente a lo que se esperaba, las respuestas de las células-T específicas del VIH no contribuyen a la inflamación ni a la activación inmunitaria mientras se toma el tratamiento antirretroviral. 

Del mismo modo, se comprobó que tampoco había relación entre los niveles de anticuerpos frente al VIH y la inflamación o la activación inmunitaria. 

Además, no hubo indicios que apuntasen a que las respuestas inmunitarias específicas frente al VIH permitieran predecir las interacciones entre el tamaño del reservorio latente y la inflamación o la activación inmunitaria. 

El análisis reveló una correlación relativamente débil entre los de ARN viral en plasma (con ensayos de PCR más sensibles que los de rutina) y la activación de las células-T CD8. 

Los autores especulan con la posibilidad de que unos niveles muy bajos de viremia (que normalmente pasarían desapercibidos con el seguimiento estándar) podrían provocar una activación creciente de las células-T CD8 al aumentar el tiempo de tratamiento antirretroviral. 

Sin embargo, también señalan que sería necesario realizar más estudios para confirmar este punto.

Entre las limitaciones del estudio, los autores señalan que el análisis se centró únicamente en la producción de interferón-gamma y no tuvo en cuenta otras respuestas de las células T específicas del VIH, que podrían desempeñar un papel importante en la inflamación y la activación inmunitaria. 

No obstante, el equipo de investigadores afirma que sus resultados refuerzan la validez de una teoría anterior denominada "efecto legado", que postula que los mecanismos patogénicos que se desencadenan antes de que una persona inicie el tratamiento antirretroviral serían los principales responsables de la desregulación inmunitaria. 

De ser cierta, esto supondría un argumento más para que las personas con el VIH pudieran acceder al tratamiento antirretroviral lo antes posible tras la infección. 




Website Aidsmap: 
https://www.aidsmap.com/ 

Website AIDS Journal: 
https://journals.lww.com/aidsonline/

El Cribado del Cáncer Anal en Personas con el VIH Mejoraría las Tasas de Supervivencia

Un estudio neerlandés publicado en Lancet HIV ha concluido que el cribado de cáncer anal en personas con el VIH lograría mayores tasas de detección precoz y de supervivencia.

Los beneficios del cribado no se observarían únicamente en hombres gays, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (GBHSH), sino que las mujeres y los hombres heterosexuales también se verían beneficiados por dicha estrategia preventiva.

La incidencia de cáncer anal en personas con el VIH es alta, especialmente en el caso de los hombres GBHSH. El cribado y el tratamiento de lesiones precursoras de dicho cáncer son herramientas que podrían ayudar a reducir las tasas de morbimortalidad por cáncer anal en personas con el VIH. 

Bajo esta hipótesis, los autores del presente estudio examinaron las tendencias de incidencia de cáncer anal y mortalidad por dicha causa en personas con el VIH de una cohorte neerlandesa. 

Cabe destacar que en los Países Bajos se implantó un programa de cribado desde el año 2007, por lo que en el presente estudio también se pudieron evaluar sus efectos. 

El estudio, de tipo observacional, contó con la participación de los integrantes de la cohorte de personas con el VIH ATHENA, que tiene ámbito nacional en los Países Bajos. 

El periodo evaluado abarcó desde enero de 1996 hasta diciembre de 2020 y se evaluaron tanto la incidencia de cáncer anal como la mortalidad, ya fuera por dicha causa o por cualquier causa. 

En un total de 29.175 personas con el VIH incluidas en el estudio (de las cuales el 59,7% eran GBHSH) se diagnosticaron 227 casos de cáncer anal.

A pesar de que la edad promedio de la cohorte fue aumentando –factor de riesgo de desarrollar cáncer anal–, las tasas de incidencia globales fueron disminuyendo con el tiempo: pasaron de 107 casos por cada 100.000 persona-años de seguimiento (intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 75,7-147,0) durante el periodo 1996-2005 a 93,7 casos por cada 100.000 persona-años de seguimiento (IC95%: 75,3-115,0) en el periodo 2013-2020, aunque la diferencia no fue estadísticamente significativa (p= 0,49). 

Las tasas de incidencia de cáncer anal en hombres heterosexuales y en mujeres fueron menores a las observadas en hombres GBHSH, aunque en estos dos grupos se encontró un ligero aumento de la incidencia –no estadísticamente significativo– entre los dos periodos analizados. 

Dicha incidencia en hombres heterosexuales fue de 51,8 casos por cada 100.000 persona-años de seguimiento (IC95%: 20,5-105,2) en el periodo 1996-2005 y de 67,8 casos por cada 100.000 persona-años de seguimiento (IC95%: 40,8-105,9) en el periodo 2013-2020 (p= 0,52). 

En mujeres, la incidencia fue de 8,1 casos por cada 100.000 persona-años de seguimiento (IC95%: 0,2-45,1) en el periodo 1996-2005 y de 24,9 casos por cada 100.000 persona-años de seguimiento (IC95%: 10,0-51,4) en el periodo 2013-2020 (p= 0,29). 

A partir de estos datos globales, los investigadores pudieron evaluar distintos factores de riesgo, aunque se centraron exclusivamente en hombres GBHSH por ser el grupo mayoritario y en el único que probablemente iban a ser capaces de obtener relaciones estadísticamente significativas por ser el que contaba con más integrantes. 

La tasa de incidencia de cáncer anal ajustada por la edad en hombres GBHSH fue significativamente inferior en el periodo 2013-2020 a la observada en el periodo 1996-2005 (razón de tasas de incidencia: 0,62; IC95%: 0,41-0,92). 

Los factores principalmente asociados a dicho hallazgo fueron una caída en las tasas de tabaquismo, unos mayores niveles de CD4 y una menor carga viral.

El 23% de los hombres GBHSH incluidos en el estudio participaron en el programa de cribado de cáncer anal. 

El estadiaje de los tumores fue significativamente más favorable entre aquellos hombres GBHSH que fueron diagnosticados a través de programas de cribado que entre quienes lo fueron en otros contextos (p= 0,033). 

La mortalidad a 5 años asociada a cáncer anal disminuyó –aunque la diferencia no llegó a alcanzar dimensiones estadísticamente significativas– entre los participantes desde el 30,4% en el periodo 1996-2005 hasta el 18,3% en el periodo 2013-2020 (p= 0,07). 

Dicha mortalidad asociada a cáncer anal fue significativamente inferior (p= 0,023) en hombres que participaron en programas de cribado (3,7%) a la observada en hombres que no participaron en dichos programas (24,0%). 

De hecho, tras un análisis multivariable, los dos únicos factores independientemente asociados a una mayor o menor mortalidad por cáncer anal fueron la participación en programas de cribado, factor preventivo (cociente de riesgos instantáneos [HR, en sus siglas en inglés]: 0,31; p= 0,05) y la exposición acumulada a recuentos de CD4 inferiores a 200 células/mm3, factor que aumentó el riesgo (HR: 1,11 por año de exposición; p= 0,0022). 

Los resultados del presente estudio muestran que la incidencia de cáncer anal en personas con el VIH ha ido disminuyendo con el tiempo entre hombres GBHSH y ha experimentado un aumento progresivo en mujeres y hombres heterosexuales. 

Dado el impacto favorable derivado de los programas de cribado entre GBHSH sobre las tasas de mortalidad por dicho cáncer, parece importante extender dichos programas al resto de personas con el VIH. 



Website The Lancet:
https://www.thelancet.com/journals/lanhiv/

¿El Consumo de Cannabis Perjudica la Adherencia al Tratamiento?

Según un estudio publicado en Open Forum Infectious Diseases, las personas mayores que viven con el VIH y que consumieron cannabis en el último mes tenían aproximadamente el doble de probabilidades de perder a veces dosis de sus medicamentos antirretrovirales. 

“[N]uestros hallazgos sugieren que el consumo regular de cannabis por parte de las personas mayores con VIH se asocia con un mayor riesgo de adherencia imperfecta al TAR [terapia antirretroviral]” en comparación con no consumir cannabis concluyeron los autores del estudio. 

Las estimaciones sugieren que entre una cuarta parte y la mitad de las personas que viven con el VIH consumen cannabis, una proporción sustancialmente mayor que la de la población general. 

La marihuana se usa comúnmente para mejorar el apetito, controlar el dolor o aliviar la depresión o la ansiedad. 

Si el consumo de cannabis afecta la adherencia al tratamiento es una pregunta importante, ya que la falta de medicamentos puede provocar resistencia a los medicamentos, progresión de la enfermedad y transmisión del VIH. 

Algunas investigaciones anteriores han demostrado que las personas que reportan un uso intensivo de cannabis tienen una adherencia más deficiente y peores resultados del tratamiento, pero se sabe menos sobre los consumidores poco frecuentes. Kristine Erlandson, MD, del Campus Médico Anschutz de la Universidad de Colorado, y sus colegas se propusieron caracterizar las asociaciones entre el consumo de cannabis y la adherencia a los antirretrovirales en una cohorte de personas mayores con VIH. 

El análisis incluyó a 1011 participantes en el ensayo ACTG A5322, un estudio de seguimiento a largo plazo de adultos con VIH en más de 30 sitios de investigación clínica en los Estados Unidos y Puerto Rico. 

Entre noviembre de 2013 y diciembre de 2021, se preguntó a los participantes sobre su tratamiento contra el VIH y su cumplimiento dos veces al año y se les hizo una encuesta sobre su consumo de sustancias anualmente. 

Todos los participantes tenían 40 años o más, con una mediana de edad de 51. Alrededor del 80 % eran hombres, la mitad eran blancos, un tercio eran negros y alrededor del 20 % eran latinos. 

Todos estaban actualmente en tratamiento antirretroviral y la mayoría tenía una carga viral indetectable, pero muchos habían tenido SIDA anteriormente, y el recuento medio de CD4 nadir (más bajo jamás registrado) estaba por debajo de 200. 

Dentro de este grupo, el 18 % informó sobre el uso actual de cannabis (definido como el uso durante el último mes), el 6 % informó sobre el uso intermitente (durante el último año pero no el último mes) y el 76 % dijo que no había consumido cannabis durante el último año o nunca lo había hecho. 

Sin embargo, los usuarios actuales no se desglosaron más entre los que usaban marihuana solo ocasionalmente y los que lo hacían todos los días. 

El estudio tampoco preguntó sobre las razones del consumo de cannabis (por ejemplo, medicinal o recreativo). 

Los grupos eran generalmente similares en términos de demografía y estado serológico, pero las personas que consumían cannabis también tenían más probabilidades de beber alcohol, fumar tabaco y consumir otras sustancias. 

La adherencia al tratamiento se clasificó como 100 %, lo que significa que no se olvidó ninguna dosis durante la última semana, o menos del 100 %, lo que significa que se olvidó al menos una dosis. 

Los consumidores actuales de cannabis tenían un 53 % más de probabilidades de informar una adherencia menos que perfecta en comparación con los no consumidores, informaron los investigadores.

Entre las personas que se habían saltado una dosis durante la última semana, el 21 % eran consumidores actuales, el 19 % eran consumidores intermitentes y el 10 % no había consumido cannabis durante el último año o nunca.

Cuando los datos se desglosaron por sexo, la asociación entre el consumo de cannabis y una adherencia inferior al 100 % fue estadísticamente significativa para los hombres, pero no para las mujeres. 

“Estos hallazgos tienen implicaciones clínicas importantes, ya que la adherencia subóptima al TAR se asocia con la resistencia a los medicamentos del TAR, el fracaso virológico y un riesgo elevado de mortalidad”, escribieron los autores del estudio. 

Señalaron que incluso una pequeña reducción en la adherencia se ha relacionado con una mayor inflamación y un mayor riesgo de resistencia a los medicamentos, una supresión viral menos eficaz y una mayor mortalidad. 

Sin embargo, también notaron que algunas investigaciones sugieren que el cannabis puede estar asociado con una inflamación reducida en personas con VIH. 

“Se necesita más investigación para dilucidar los mecanismos por los cuales el consumo de cannabis disminuye la adherencia al TAR en las personas mayores con VIH y avanzar en el desarrollo de métodos más eficaces para mitigar la falta de adherencia en esta población vulnerable”, agregaron los investigadores. 

“Se necesita trabajo futuro para dilucidar cómo los efectos adversos del consumo de cannabis en la adherencia al TAR podrían equilibrarse con los posibles usos beneficiosos del cannabis para reducir la inflamación y la activación inmunitaria en personas mayores con VIH”. 



Website Open Forum Infectious Diseases: 
https://academic.oup.com/ofid

COVID-19 en Cualquier Momento Durante el Embarazo Aumenta el Riesgo de Muerte de la Madre

La infección por COVID-19 en cualquier momento durante el embarazo aumenta el riesgo de muerte de la madre y se asocia con enfermedades graves tanto en la madre como en el recién nacido, según un análisis de datos agrupados de evidencia internacional, publicado en la revista de acceso abierto BMJ Global Health. 

Los hallazgos refuerzan la necesidad de esfuerzos globales para minimizar estos riesgos de infección durante el embarazo a través de campañas de vacunación específicas y otras medidas de protección, dicen los investigadores. 

Hay un vasto y creciente cuerpo de investigación sobre la infección por COVID-19 durante el embarazo. 

Pero las grandes diferencias en el diseño del estudio, los métodos y los grupos de comparación dificultan llegar a conclusiones firmes, además de que se han realizado pocos estudios en países de bajos ingresos, dicen los investigadores. 

Los investigadores formaron un consorcio internacional en abril de 2020 para obtener datos prospectivos de alta calidad de estudios relevantes que se estaban llevando a cabo en varios países y aplicaron un enfoque analítico uniforme para evitar los problemas asociados con investigaciones anteriores. 

La investigación actual, que comprende los resultados del primer análisis de datos agrupados a nivel individual de esos estudios, evalúa los riesgos de mala salud y muerte entre mujeres embarazadas con o sin infección por COVID-19 confirmada o probable. 

El análisis se basa en participantes en 12 estudios con 13 136 mujeres embarazadas en Ghana, China-Hong Kong, Italia, Kenia, Nigeria, Sudáfrica, España, Suecia, República Democrática del Congo, Turquía, Uganda y EE. UU. 

Muestra que las mujeres embarazadas infectadas con SARS-CoV-2, el virus responsable de la infección por COVID-19, tenían casi 8 veces más probabilidades de morir que sus pares no infectadas. 

Y tenían casi cuatro veces más probabilidades de requerir cuidados intensivos; 15 veces más probable que requiera ventilación mecánica; y más de cinco veces más probabilidades de necesitar cualquier tipo de cuidado crítico. 

También tenían más de 23 veces más probabilidades de que les diagnosticaran neumonía y más de cinco veces más probabilidades de tener coágulos sanguíneos graves. 

Los bebés nacidos de mujeres con infección por COVID-19 tenían casi el doble de probabilidades de ser admitidos en una unidad de cuidados neonatales; casi tres veces más probabilidades de nacer moderadamente prematuro (antes de las 34 semanas); y un 19 % más de probabilidades de tener bajo peso al nacer que los bebés nacidos de mujeres no infectadas. 

Pero a diferencia de los hallazgos de revisiones anteriores, la infección por COVID-19 no se vinculó con un mayor riesgo de muerte fetal a las 28 semanas de embarazo o más, ni con un crecimiento restringido. 

Los investigadores señalan algunas limitaciones de su estudio. La selección de mujeres embarazadas con COVID-19 dependió de cuándo y cómo se les hizo la prueba de SARS-CoV-2; esto cambió con el tiempo entre los sitios junto con la disponibilidad de kits de prueba. 

El análisis no consideró el impacto diferencial de las variantes del SARS-CoV-2 que han surgido desde que comenzó la pandemia. Algunos resultados tampoco se controlaron durante un período clínicamente significativo. 

A pesar de estas advertencias, "Estos hallazgos subrayan la necesidad de esfuerzos globales para prevenir el COVID-19 durante el embarazo a través de la administración dirigida de vacunas e intervenciones no farmacéuticas", dicen los investigadores. 

Esto es particularmente importante ya que “la orientación global ha sido equívoca sobre los riesgos potenciales de infección y los beneficios y la seguridad de la vacunación, y más de 80 países actualmente no recomiendan que todas las mujeres embarazadas y lactantes deban vacunarse”, señalan. 



Website BMJ Global Health: 
https://gh.bmj.com/

Tener el VIH Aumentaría el Riesgo de Sintomatología Grave en Personas con Viruela Símica

Dos estudios estadounidenses han concluido que las personas con el VIH se encontrarían en mayor riesgo que las seronegativas de experimentar sintomatología grave tras adquirir mpox –nombre recientemente acuñado para denominar a la hasta ahora llamada viruela del mono– especialmente si no se encuentran en tratamiento antirretroviral y presentan bajos niveles de CD4.

Durante la pasada primavera se detectó un brote de mpox fuera de las zonas africanas de donde es endémica. Este hecho llevó finalmente a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a considerar el brote como una emergencia internacional para la salud pública e instar a los países a llevar a cabo una serie de medidas de contención. 

Desde entonces –según datos de la OMS- se han detectado más de 84.000 casos en 110 países y se han registrado 80 fallecimientos.

La mayoría de los casos de dicho brote se dieron en hombres gays, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (GBHSH) y, tras un pico a finales de verano, su incidencia se ha reducido a la mínima expresión en la mayoría de países. 

La proporción de personas con el VIH entre las afectadas por el presente brote ha oscilado entre el 25% y el 40% en función del país. Este hecho llevó a investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en sus siglas en inglés) de EE UU a analizar el impacto del VIH sobre la gravedad los casos de mpox registrados durante el brote en el país. 

Un total de 29.980 casos de mpox se detectaron entre el inicio del brote y la actualidad. 

El 40% de los casos se dieron en personas con el VIH –porcentaje que alcanzó el 70% en algunos estados–. 

La proporción de personas de etnia negra o latinoamericana con mpox fue avanzando a medida que evolucionaba el brote. 

Dicho fenómeno se asemejaría al observado históricamente en la epidemia del VIH que fue permeando con el tiempo en las comunidades con mayores tasas de pobreza. 

Entre el 10 de agosto y el 10 de octubre de 2022, los investigadores analizaron 57 casos de hospitalización por mpox. 

Todos excepto 3 eran hombres. La mediana de la edad era de 34 años, el 68% de estas personas eran de etnia negra y el 23% no tenían residencia fija. 

El 82% de estas personas tenían el VIH, de las cuales solo un 9% se encontraban en tratamiento antirretroviral antes del diagnóstico de mpox. 

El 72% de las personas con pruebas de los niveles de CD4 disponibles tenían recuentos inferiores a 50 células/mm3 (estado de inmunosupresión avanzada). 

Todos los pacientes hospitalizados presentaban lesiones cutáneas graves y dos tercios de ellos tenían lesiones graves en mucosas. Algunos presentaban incluso problemas pulmonares, oculares y cerebrales. 

El 30% requirieron de su ingreso en la unidad de cuidados intensivos y el 21% (12 personas) fallecieron. En cinco de los fallecimientos se atribuyó a la mpox el ser la causa principal o un factor contribuyente al desenlace fatal. 

En algunas de las personas ingresadas se detectó un retraso de hasta un mes entre el primer día que solicitaron atención médica y el inicio del tratamiento frente a la mpox. Más del 90% recibieron el antiviral tecovirimat por vía oral y un 65% lo acabó recibiendo por vía intravenosa.

Los investigadores apuntan a que en personas en estado de inmunosupresión avanzada puede ser necesario modificar los protocolos de tratamiento habituales frente a la mpox, anticipando el inicio del tratamiento y prolongando su uso durante más tiempo de lo habitual. 

El segundo estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Georgia (EE UU), comparó las características y manifestaciones clínicas de personas con diagnóstico de mpox en función de su estado serológico al VIH. 

Los datos de partida fueron los de una cohorte estadounidense conocida como TriNetX. Hasta el 1 de septiembre de 2022, los investigadores identificaron 322 casos de mpox en adultos, de los que el 29% tuvieron lugar en personas con el VIH. 

La mayoría de casos se dieron en personas de alrededor de 30 años. Todos los casos con el VIH eran hombres, hecho que llevó a incluir solo a hombres en el análisis para que los grupos fueran comparables. 

Los porcentajes de personas de etnia negra (24% frente a 11%) y de latinoamericana (24% frente a 11%) fueron superiores entre aquellos participantes con mpox y VIH.

Aunque poder establecer el grado de control del VIH entre los participantes presentó serias limitaciones por la ausencia de datos en algunos de ellos, el promedio del recuento de CD4 fue de 587 células/mm3, lo que permitiría estimar que el control de la infección era, en general, bueno. 

Al contrario que en otros estudios realizados al respecto, las prácticas sexuales de alto riesgo y la coexistencia de otras infecciones de transmisión sexual fueron fenómenos poco frecuentes en ambos grupos comparados –aunque ello podría también deberse a que dichos datos podrían no haberse registrado-. 

Las personas con mpox y el VIH presentaron una probabilidad de tener exantema cutáneo (25% frente a 11%, respectivamente); dolor rectal (25% frente a 10%, respectivamente); abscesos anales o rectales (11% frente a 0%, respectivamente); fimosis (11% frente a 0%, respectivamente), neumonía (11% frente a 0%, respectivamente) y amigdalitis (11% frente a 0%, respectivamente) superiores a las observadas en personas seronegativas con mpox. 

Las personas con el VIH y mpox presentaron una probabilidad de precisar de la atención en urgencias (53% frente a 29%, respectivamente) o de ser hospitalizadas (11% frente a 4%, respectivamente) superior a la observada en personas sin el VIH, aunque presentaron una menor probabilidad de ser atendidas por el servicio de emergencias médicas (42% frente a 58%, respectivamente). 

No se reportó ningún fallecimiento. Los resultados de los presentes estudios apuntan a una mayor susceptibilidad a las consecuencias de la mpox en personas con el VIH. 

Aunque ello estaría especialmente relacionado con un mal control de la infección por el VIH en el contexto de la exclusión social, el segundo estudio también apunta a peores resultados clínicos de la mpox en el contexto de una infección por el VIH con niveles de CD4 superiores a 500 células/mm3. 

Será importante que sigan realizándose estudios retrospectivos sobre el reciente brote de mpox para ir fijando aquellos hallazgos más relevantes en el contexto de la infección por el VIH que mejoren la atención y el seguimiento de la mpox en este colectivo. 



Website AIDS Journal: 
https://journals.lww.com/aidsonline/

Más Evidencia de que las Vacunas contra el COVID Funcionan bien para las Personas con VIH

Las personas que viven con el VIH generalmente responden bien a las vacunas COVID-19, especialmente si reciben inyecciones de refuerzo, lo que reduce drásticamente el riesgo de enfermedad grave y muerte, según varios estudios recientes. 

Pero es posible que a las personas con VIH mal controlado o inmunosupresión avanzada no les vaya tan bien, lo que subraya la importancia del tratamiento antirretroviral. 

Como se informó anteriormente, los primeros estudios sobre la respuesta a la vacuna contra el COVID entre las personas con VIH encontraron que aquellos con el VIH bien controlado y un recuento adecuado de CD4 podrían alcanzar niveles de anticuerpos contra el SARS-CoV-2 y respuestas de células T comparables a las de las personas sin VIH. , aunque es posible que necesiten dosis adicionales para lograr una protección completa. 

Ahora, con los datos de otro año, las personas con VIH generalmente pueden sentirse seguras de que las vacunas COVID, así como la infección previa por SARS-CoV-2, brindan una buena protección. 

Pero las personas con VIH no suprimido o un recuento bajo de CD4, junto con las personas mayores y las que tienen problemas de salud subyacentes, pueden tener respuestas inmunitarias más lentas, más débiles o menos duraderas y podrían beneficiarse potencialmente de precauciones adicionales. 

*Resultados de COVID. 
Raynell Lang, MD, de la Universidad de Calgary, y sus colegas del Equipo de epidemiología del virus corona-infeccioso analizaron el riesgo de enfermedad grave entre las personas con y sin VIH en los Estados Unidos que tuvieron una infección avanzada por SARS-CoV-2 después de vacunación. 

Como se describe en JAMA Network Open, el análisis incluyó a 1214 adultos seropositivos y 2408 seronegativos que experimentaron un avance de la COVID hasta finales de 2021. Alrededor del 90 % eran hombres y el 60 % tenían 55 años o más. 

La mayoría estaba en terapia antirretroviral con una carga viral indetectable y la mediana del recuento de CD4 era de 620, pero alrededor de una cuarta parte tenía antecedentes de SIDA. 

Todos los participantes fueron vacunados por completo entre diciembre de 2020 y junio de 2021, según se definió en ese momento, lo que significa dos dosis de las vacunas de ARN mensajero (ARNm) de Pfizer-BioNTech o Moderna o una dosis única de la vacuna de Johnson & Johnson. 

Una pequeña proporción (15%) había recibido una tercera dosis. En general, tanto las personas seropositivas como las seronegativas tenían tasas bajas y comparables de enfermedad grave, definida como hospitalización dentro de los 28 días posteriores al brote de COVID, con un 7,3 % y un 6,7 %, respectivamente. 

Independientemente del estado del VIH, la enfermedad grave fue más probable entre las personas que recibieron la vacuna J&J (9,3 %), seguidas de las vacunas Pfizer-BioNTech (7,2 %) y Moderna (6,2 %). 

Aquellos que recibieron una tercera dosis tenían menos probabilidades de tener una enfermedad grave. 

De los 249 pacientes hospitalizados, el 9,6% requirió ventilación mecánica y el 8,0% falleció, sin diferencias según el estado serológico. 

Tampoco hubo una diferencia significativa en la probabilidad de muerte después de una infección avanzada, ya sea hospitalizado o no (1,0 % para las personas con VIH y 0,8 % para las personas sin VIH). 

Sin embargo, el riesgo de una enfermedad irruptiva grave fue un 59 % mayor entre las personas VIH positivas con un recuento de CD4 inferior a 350 en comparación con las personas VIH negativas. 

En un análisis multivariante entre personas con VIH, las mujeres, las personas mayores, las que tenían un recuento de CD4 más bajo y las que tenían un diagnóstico de cáncer tenían un mayor riesgo de presentar una enfermedad grave. 

En particular, las personas seropositivas con un recuento de CD4 inferior a 200 tenían más del doble de riesgo de enfermedad grave en comparación con aquellas con un recuento de 500 o más. 

Por el contrario, las personas que habían tenido un caso anterior de COVID-19, y presumiblemente obtuvieron algo de inmunidad natural, tenían un riesgo menor. 

Si bien la vacunación reduce efectivamente el riesgo de enfermedad grave por COVID-19 para las personas con y sin VIH, las personas con VIH con supresión inmunitaria moderada o grave “tenían un mayor riesgo de infección grave por avance” y “deberían incluirse en los grupos prioritarios para vacunas adicionales”. dosis y estrategias de reducción de riesgos”, concluyeron los autores del estudio. 

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades ahora recomiendan que la serie de vacunas primarias para personas con inmunodepresión moderada o grave, incluidas las que viven con el VIH, debe consistir en tres dosis de vacunas de ARNm, seguidas de las vacunas de refuerzo recomendadas. 

A partir del otoño pasado, esto incluye refuerzos bivalentes que se adaptan mejor a las variantes de coronavirus circulantes. En otro estudio, publicado en la revista AIDS, Line Rasmussen, MD, PhD, del Hospital Universitario de Odense, y sus colegas analizaron el riesgo de COVID grave entre 5276 adultos que viven con el VIH y 42 308 personas de la población general de Dinamarca hasta la primavera de 2022. 

Aproximadamente el 70 % eran hombres y la mediana de edad era de 51 años. 

La mayoría de las personas con VIH estaban en tratamiento antirretroviral y solo el 4 % tenía un recuento de CD4 inferior a 200, pero el 45 % tenía antecedentes de supresión inmunitaria avanzada. 

Casi el 90% de las personas en ambos grupos habían recibido dos dosis de vacunas y la mayoría había recibido una tercera dosis. 

En general, los investigadores no vieron "ninguna diferencia importante" entre las personas VIH positivas y negativas en la probabilidad de dar positivo en la prueba del SARS-CoV-2. 

Las personas con VIH tenían aproximadamente el doble de probabilidades de ser hospitalizadas con COVID grave, aunque el riesgo de muerte fue estadísticamente similar. 

Las personas con VIH que recibieron una tercera dosis de la vacuna tenían menos probabilidades de dar positivo en la prueba de SARS-CoV-2 y menos probabilidades de ser hospitalizadas que las que recibieron solo dos dosis, y las personas de 60 años o más que recibieron una tercera dosis tenían menos probabilidades de morir. 

*Respuestas inmunes.
Junto con los resultados clínicos, los estudios de laboratorio de las respuestas inmunitarias, incluidos los niveles de anticuerpos, si los anticuerpos son capaces de neutralizar el SARS-CoV-2, la capacidad de las células B de memoria para producir anticuerpos y las respuestas de las células T, pueden arrojar luz sobre qué tan bien funcionan las vacunas contra la COVID, proteger a las personas que viven con el VIH. 

Como se describe en el Journal of Infectious Diseases, Zabrina Brumme, PhD, del Centro Británico para la Excelencia en VIH/SIDA en Vancouver, y sus colegas analizaron las respuestas de anticuerpos después de tres dosis de vacuna en 99 personas con VIH en tratamiento antirretroviral supresor y 152 personas con VIH- personas negativas. (Este es un seguimiento de un informe anterior de resultados después de dos dosis). 

Entre los participantes seropositivos, la mayoría de los cuales eran hombres, la mediana actual del recuento de CD4 era de unos 700, pero el nadir, o el nivel más bajo hasta la fecha, era de unos 280, y aproximadamente una cuarta parte había caído a poco más de 100. 

La mayoría de los participantes inicialmente recibieron las vacunas Pfizer-BioNTech o Moderna mRNA, pero un pequeño número recibió la vacuna AstraZeneca-Oxford (que nunca fue autorizada en los Estados Unidos). 

La mayoría de las personas con VIH recibieron un refuerzo de Moderna. Las respuestas de anticuerpos se midieron hasta seis meses después de la segunda dosis de la vacuna y hasta un mes después de la dosis de refuerzo. 

Según este informe, publicado en junio de 2022, los niveles de anticuerpos y la actividad neutralizante disminuyeron naturalmente después de la serie inicial de vacunas de dos dosis, pero no disminuyeron más rápido ni alcanzaron un nivel más bajo en las personas seropositivas en comparación con las personas seronegativas. 

Sin embargo, un informe posterior publicado este mes, que analizó una cohorte canadiense más grande, mostró que mientras proporciones similares de personas VIH positivas y negativas tenían niveles adecuados de anticuerpos tres meses después de la segunda dosis, una proporción ligeramente menor de personas con VIH todavía tenían inmunidad inducida por la vacuna seis meses después de la segunda dosis. 

Después de una tercera dosis, las respuestas en personas con VIH fueron comparables o incluso superiores a las de las personas sin VIH. En ambos grupos, los anticuerpos fueron sustancialmente más altos después de la tercera dosis en comparación con la segunda dosis, pero su capacidad para neutralizar las variantes omicrónicas del SARS-CoV-2 disminuyó en relación con la cepa original de tipo salvaje o Wuhan. 

No hubo evidencia de que las personas con un recuento de CD4 nadir bajo tuvieran respuestas más pobres. Otro análisis realizado por el mismo equipo, descrito en AIDS, analizó la durabilidad de las respuestas de anticuerpos después de tres dosis de vacuna en 64 personas con VIH en terapia antirretroviral supresora y 117 personas sin VIH. 

Los investigadores midieron las respuestas contra las variantes BA.1 y BA.5 de tipo salvaje y omicron uno, tres y seis meses después de la tercera dosis. 

Todas las medidas de anticuerpos aumentaron después de la tercera dosis en comparación con la segunda dosis, pero las respuestas específicas de BA.1, y aún más las respuestas específicas de BA.5, permanecieron significativamente más bajas que las respuestas a la cepa de tipo salvaje. 

Las concentraciones de anticuerpos en la sangre disminuyeron a tasas comparables después de la tercera dosis en personas con y sin VIH que no habían tenido COVID, y la función de los anticuerpos también disminuyó de manera similar en ambos grupos. 

Seis meses después de la tercera dosis, más del 80 % de las personas VIH positivas y más del 90 % de las personas VIH negativas ya no tenían neutralización detectable de BA.1. 

Sin embargo, tener una infección avanzada por SARS-CoV-2 aumentó el número de anticuerpos y la función por encima de los niveles inducidos por la vacuna en ambos grupos. 

Con base en estos hallazgos, los investigadores recomendaron que, debido a la disminución de los niveles de anticuerpos con el tiempo, tanto las personas con VIH como las negativas que no contrajeron COVID y, por lo tanto, no desarrollaron la llamada inmunidad híbrida, podrían beneficiarse de una cuarta vacuna. dosis dentro de los seis meses posteriores a la tercera inyección. 

Sin embargo, los niveles actuales de anticuerpos no cuentan toda la historia. Los anticuerpos normalmente disminuyen después de la infección o la vacunación, pero las células B y las células T de memoria quedan atrás para responder si la amenaza se vuelve a encontrar.

Esta llamada inmunidad celular no previene de manera confiable la infección, pero reduce el riesgo de enfermedad grave. Sin embargo, las respuestas de las células B y las células T son más difíciles de medir que los niveles de anticuerpos. 

Como se describe en AIDS, Oriol Bestard, MD, PhD, de la Universidad Autónoma de Barcelona, y sus colegas evaluaron las respuestas de células B y células T de memoria entre 11 personas con VIH y 39 sin VIH después de la recuperación de COVID leve o grave. 

Seis meses después de la infección por SARS-CoV-2, la mayoría de las personas con y sin VIH todavía tenían células B de memoria productoras de anticuerpos. 

Casi todas las personas con COVID grave, independientemente de su estado serológico, todavía tenían células T específicas del SARS-CoV-2 activas, lo que representa una reducción de aproximadamente dos tercios de las personas que tenían una enfermedad leve. 

Otro estudio de personas negras en Sudáfrica que recibieron la vacuna AstraZeneca-Oxford, reportada en el SIDA, encontró que las personas VIH positivas y negativas tenían respuestas similares de células T. 

Aquí, también, la inmunidad híbrida después de la vacunación y la infección por SARS-CoV-2 dio como resultado una mayor respuesta de las células T. 



Website JAMA Network Open: 
https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen

Sunlenca 2 Veces al Año Funciona bien para el Tratamiento Inicial del VIH

Sunlenca (lenacapavir), un medicamento inyectable de acción prolongada aprobado recientemente para personas con experiencia en tratamiento con VIH multirresistente, también funciona bien para las personas que comienzan la terapia antirretroviral por primera vez, según un informe reciente en The Lancet HIV. 

Los resultados del ensayo CALIBRATE mostraron que alrededor del 90 % de los participantes del estudio que usaron Sunlenca, ya sea como píldoras diarias o inyecciones cada seis meses, en combinación con otros antirretrovirales lograron una carga viral indetectable. 

Sunlenca de Gilead Sciences (anteriormente GS-6207), el primer inhibidor de la cápside del VIH aprobado, interrumpe la cubierta en forma de cono que rodea el material genético viral y las enzimas esenciales.

Los estudios de laboratorio mostraron que interfiere con múltiples pasos del ciclo de vida del VIH. 

Debido a que funciona de manera diferente a los antirretrovirales existentes, permanece activo contra el VIH que ha desarrollado resistencia a otros medicamentos. 

Sunlenca tiene una vida media prolongada en el cuerpo, lo que permite administrarlo solo una vez cada seis meses. 

El 22 de diciembre, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó Sunlenca como una nueva opción para personas con tratamiento previo con VIH altamente resistente que no pueden mantener la supresión viral con su régimen antirretroviral actual. 

Sunlenca también se está estudiando para el tratamiento de primera línea y la profilaxis previa a la exposición (PrEP). 

El ensayo de fase II CALIBRATE, actualmente en curso en 41 sitios en los Estados Unidos y la República Dominicana, inscribió a 183 participantes que no habían recibido tratamiento previo entre noviembre de 2019 y agosto de 2020. 

La población del estudio es racialmente diversa: aproximadamente la mitad negra y el 45 % latina, pero solo 7 % son mujeres. Aproximadamente uno de cada seis comenzó con una carga viral alta superior a 100.000. 

Los participantes fueron asignados aleatoriamente a cuatro grupos. Los grupos 1 y 2 comenzaron con dos semanas de Sunlenca oral diario como una "dosis de carga", luego recibieron inyecciones subcutáneas de Sunlenca cada 26 semanas. 

Además, recibieron diariamente tenofovir alafenamida (TAF) y emtricitabina (los medicamentos en Descovy) por vía oral durante 28 semanas, luego volvieron a tomar un solo medicamento adicional, ya sea TAF o el inhibidor de la integrasa bictegravir. 

El grupo 3 recibió lenacapavir oral diario más TAF y emtricitabina durante todo el período de estudio. 

El grupo 4 recibió diariamente bictegravir, TAF y emtricitabina (los medicamentos en Biktarvy). Como se informó anteriormente, Samir Gupta, MD, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana, presentó los resultados de 28 semanas en la Conferencia de la Sociedad Internacional del SIDA sobre la ciencia del VIH de 2021. 

En ese momento, el 94 % de las personas del grupo 1 y el 92 % de las del grupo 2 tenían una carga viral indetectable (por debajo de 50), al igual que el 94 % de las del grupo 3 y el 100 % de las del grupo 4. 

El informe de The Lancet HIV describe los resultados actualizados, presentados previamente en la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas del año pasado. 

A las 54 semanas, el 90 % de las personas del grupo 1 (Sunlenca inyectable más TAF) y el 85 % de las del grupo 2 (Sunlenca inyectable más bictegravir) tenían una carga viral inferior a 50. 

Las tasas de respuesta fueron similares para las del grupo 3 (continuación oral régimen Sunlenca), al 85%, y el grupo 4 (grupo control Biktarvy), al 92%. 

Estos hallazgos, escribieron Gupta y sus colegas, sugieren que Sunlenca "puede ser eficaz para mantener la supresión virológica" cuando se combina con un solo fármaco adicional. 

Todos los regímenes de tratamiento fueron seguros y bien tolerados, sin efectos adversos graves o graves relacionados con el fármaco. 

Los efectos secundarios más frecuentes en los grupos 1 y 2 fueron reacciones leves a moderadas en el lugar de la inyección, como enrojecimiento (27 %), hinchazón (23 %) y dolor (19 %). 

Tres participantes descontinuaron Sunlenca por este motivo. Los eventos adversos no relacionados con la inyección informados con mayor frecuencia en los grupos que tomaron Sunlenca oral o inyectable fueron dolor de cabeza y náuseas (ambos 13 %). 

“Lenacapavir justifica una mayor investigación como un antirretroviral potencial usado por vía oral y como inyección en combinación con otros medicamentos antirretrovirales”, concluyeron los investigadores del estudio. 

Un régimen inyectable de primera línea administrado solo una vez cada seis meses sería un desarrollo emocionante, pero Sunlenca aún no está allí, ya que debe tomarse con píldoras diarias. 

El único régimen completo de acción prolongada es Cabenuva (cabotegravir y rilpivirina inyectables), que es administrado por un proveedor de atención médica una vez al mes o cada dos meses y está aprobado solo para personas que actualmente están en tratamiento diario con una carga viral indetectable.

“Sin duda, estos son resultados prometedores; sin embargo, lenacapavir necesita un compañero de acción prolongada si quiere cumplir la promesa de ser parte de un régimen completo de acción prolongada”, escribió Chloe Orkin, MD, de la Universidad Queen Mary en Londres, en un comentario adjunto. 

“Con el desarrollo de islatravir ralentizado por hallazgos inmunológicos inesperados, la identidad de este socio está lejos de estar clara”. 

Actualmente, los investigadores están explorando otras terapias que podrían administrarse a intervalos más largos, incluidos los anticuerpos ampliamente neutralizantes. 

Como señaló Orkin, el destino de islatravir, un nuevo inhibidor de la translocación de la transcriptasa inversa nucleósido, es incierto debido a los efectos secundarios inesperados; Merck ahora está probando una dosis más baja. 

El equipo de Gupta señaló que Gilead y otras compañías están comprometidas en "esfuerzos continuos para desarrollar un agente asociado de acción prolongada que se pueda combinar con lenacapavir como un régimen sincrónico completo, que ofrece el mejor potencial para una adherencia sostenida". 



Website The Lancet: 
https://www.thelancet.com/journals/lanhiv/

jueves, 12 de enero de 2023

Respuestas al sida Lideradas por la Comunidad

De 2020 a 2022, representantes de gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y donantes deliberaron conjuntamente sobre definiciones y recomendaciones para ampliar e informar sobre las respuestas al sida dirigidas por la comunidad y las organizaciones dirigidas por la comunidad que participan en la respuesta al sida. 

Este informe final sobre respuestas al sida lideradas por la comunidad, basado en las recomendaciones del Equipo de trabajo de múltiples partes interesadas sobre respuestas al sida lideradas por la comunidad, documenta este trabajo y las recomendaciones resultantes. 


Website UNAIDS/ONUSIDA: 
https://www.unaids.org/

La FDA Aprueba Sunlenca 2 Veces al Año para Personas con VIH Resistente a los Medicamentos

El 22 de diciembre, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó Sunlenca (lenacapavir) como una nueva opción para personas con tratamiento previo con VIH multirresistente que no pueden mantener la supresión viral con su régimen antirretroviral actual. Sunlenca también está aprobado en el Reino Unido, Europa y Canadá. 

La aprobación no incluye el tratamiento del VIH por primera vez ni la profilaxis previa a la exposición (PrEP), aunque Sunlenca se está estudiando para estas indicaciones. Administrado cada seis meses, Sunlenca es el medicamento contra el VIH de acción más prolongada. 

La aprobación de la FDA cubre Sunlenca inyectable y una formulación de tableta. 

Las tabletas se toman primero, como dosis de carga, seguidas de inyecciones subcutáneas cada seis meses. 

"La aprobación de hoy marca el comienzo de una nueva clase de medicamentos antirretrovirales que pueden ayudar a los pacientes con VIH que se han quedado sin opciones de tratamiento", dijo en un comunicado Debra Birnkrant, MD, directora de la División de Antivirales del Centro de Evaluación e Investigación de Medicamentos de la FDA. presione soltar. 

“La disponibilidad de nuevas clases de medicamentos antirretrovirales posiblemente ayude a estos pacientes a vivir una vida más larga y saludable”. 

Sunlenca (anteriormente GS-6207), el primer inhibidor de la cápside del VIH aprobado, interrumpe la cubierta en forma de cono que rodea el material genético viral y las enzimas esenciales. 

Los estudios de laboratorio mostraron que interfiere con múltiples etapas del ciclo de vida del VIH. Debido a que funciona de manera diferente a los medicamentos existentes, permanece activo contra el VIH que ha desarrollado resistencia a otros antirretrovirales. 

El medicamento tiene una vida media prolongada en el cuerpo, lo que permite administrarlo solo una vez cada seis meses. Sunlenca está indicado para el tratamiento del VIH en adultos con mucha experiencia en tratamiento con virus multirresistentes cuyo régimen antirretroviral actual está fallando debido a resistencia, intolerancia o consideraciones de seguridad. 

Este grupo incluye sobrevivientes a largo plazo que usaron medicamentos tempranos contra el VIH, a veces uno a la vez o en combinaciones subóptimas. 

Tales individuos pueden depender de regímenes complejos con múltiples fármacos que todavía no son completamente supresores. La aprobación está respaldada por datos del ensayo Fase II/III CAPELLA (NCT04150068). 

El estudio incluyó a 72 personas con experiencia en tratamiento con VIH altamente resistente que actualmente estaban en terapia antirretroviral pero no podían mantener la supresión viral. 

Casi dos tercios tenían inmunosupresión avanzada. En la primera cohorte, se asignó aleatoriamente a 36 participantes para agregar Sunlenca o píldoras de placebo a su régimen fallido durante 14 días. 

En ese momento, a todos se les ofrecieron inyecciones de Sunlenca cada seis meses más un régimen de fondo optimizado.

Otras 36 personas en una cohorte abierta no aleatoria comenzaron con Sunlenca oral más un régimen de fondo optimizado, seguido de inyecciones de Sunlenca dos veces al año. 

En la Conferencia sobre retrovirus e infecciones oportunistas de este año, los investigadores informaron que el 83 % de los participantes en la cohorte aleatoria tenían una carga viral indetectable (menos de 50) después de 52 semanas de tratamiento. 

El aumento medio de CD4 fue de 82 células, y la proporción de personas con un nivel adecuado (200 o más) aumentó del 25 % al 60 %. En la reciente reunión de Terapia de Medicamentos contra el VIH en Glasgow, los investigadores presentaron datos sobre la eficacia de Sunlenca en diferentes subgrupos. 

Hombres y mujeres, personas mayores y jóvenes, y personas de diferentes grupos raciales y étnicos tuvieron buenas respuestas. 

La tasa de respuesta fue más alta (94 %) para las personas con dos o más agentes activos en su régimen de base optimizado, cayendo al 67 % para aquellas que no tenían agentes completamente activos, lo que sigue siendo bastante impresionante para las personas con un VIH tan resistente. 

Las personas con un recuento inicial de CD4 inferior a 200 (las que más necesitan un tratamiento eficaz) tuvieron una tasa de respuesta del 78 %. Sunlenca es seguro y bien tolerado, y no se observaron eventos adversos graves relacionados con el fármaco en el ensayo.

El efecto secundario más común son las reacciones en el lugar de la inyección, como dolor, enrojecimiento o hinchazón, en su mayoría de leves a moderados. 

Sin embargo, algunas personas pueden experimentar nódulos persistentes en el lugar de la inyección. Sunlenca puede permanecer en el cuerpo a un nivel bajo durante un año o más, lo que significa que las personas que suspenden el medicamento o se saltan las dosis podrían desarrollar resistencia.

“La disponibilidad de nuevas clases de medicamentos antirretrovirales es fundamental para las personas con mucha experiencia en tratamientos con VIH multirresistente”, dijo en un comunicado de prensa de Gilead la investigadora de CAPELLA, Sorana Segal-Maurer, MD, de Weill Cornell Medicine. 

“Tras la decisión de hoy de la FDA, el lenacapavir ayuda a satisfacer una necesidad crítica no satisfecha de las personas con antecedentes de tratamiento complejos y ofrece a los médicos una opción dos veces al año muy esperada para estos pacientes que, de otro modo, tienen opciones de terapia limitadas”.

Se espera que las inyecciones y tabletas de Sunlenca cuesten $ 42,250 por el primer año de tratamiento y $ 39,000 por año a partir de entonces, según Reuters. 

La tan esperada aprobación se produce después de un retraso debido a que Gilead resolvió los problemas de fabricación. A fines del año pasado, la compañía anunció que la FDA había suspendido clínicamente los ensayos de Sunlenca debido a preocupaciones sobre los viales de vidrio utilizados para la formulación inyectable.

Pero en mayo, la FDA levantó la suspensión y permitió que se reanudaran los ensayos después de que Gilead presentara un plan para cambiar a un tipo diferente de vidrio. 

Es importante destacar que Sunlenca debe usarse en combinación con otros antirretrovirales. 

En este momento, ningún otro medicamento contra el VIH se puede tomar tan raramente como cada seis meses, por lo que aún no es posible construir un régimen completo de dos veces al año. Sin embargo, Gilead y otras compañías están explorando nuevos agentes de acción prolongada, incluidos anticuerpos ampliamente neutralizantes. 

Antes de hoy, el tratamiento contra el VIH de acción más prolongada era Cabenuva de ViiV Healthcare (cabotegravir y rilpivirina inyectables), que se puede administrar cada uno o dos meses. Si bien el tratamiento del VIH requiere una terapia combinada para prevenir el desarrollo de resistencia a los medicamentos, un solo medicamento puede ser adecuado para la prevención del VIH. Sunlenca se está probando actualmente como PrEP, con resultados prometedores hasta el momento. 

Actualmente, la opción de PrEP de acción más prolongada es Apretude de ViiV (solo cabotegravir inyectable), que se administra cada dos meses. 




Website Gilead Sciences: 
https://www.gilead.com/ 

Website Food and Drug Administration (FDA): 
https://www.fda.gov/