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martes, 20 de septiembre de 2016

La Insuficiencia Renal se Asocia con un Mayor Riesgo Cardiovascular en Personas con el VIH

El riesgo aumenta especialmente con la edad.

De acuerdo con los datos de un estudio publicado en la edición digital de The Journal of Infectious Diseases, el deterioro de la función renal se asocia con un incremento de padecer enfermedades cardiovasculares en personas infectadas por el VIH.

Diversos estudios han concluido que el daño en la función renal tiene relación con el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares en la población general.

Sin embargo, esta cuestión ha sido poco estudiada en personas con el VIH.

Con el objetivo de arrojar más luz sobre este asunto, un grupo de investigadores del estudio D:A:D (siglas en inglés de recopilación de datos sobre efectos adversos de los fármacos anti-VIH, llevó a cabo una investigación para determinar la relación entre la función renal, evaluada a través de la tasa de filtración glomerular (TFG, un cálculo que permite conocer la cantidad de sangre que se filtra por minuto) y las enfermedades cardiovasculares.

El estudio contó con 35.357 participantes, la gran mayoría de los cuales eran hombres (el 74%), de etnia blanca (el 48%) y con una mediana de la edad al inicio del estudio de 41 años.

En el análisis de los datos recopilados de los participantes se detectaron algunos factores de confusión que aumentarían el riesgo cardiovascular: el 42% eran fumadores, el 4% tenían diabetes, el 9% eran hipertensos y algo menos del 1% habían sufrido previamente un accidente cardiovascular.

En el estudio se definió como enfermedad cardiovascular sufrir infartos de miocardio, infartos cerebrales, haber precisado de procedimientos cardiovasculares invasivos o haber experimentado una muerte cardíaca repentina.

Los participantes del estudio realizaron el seguimiento durante una media de 8 años.

Durante este periodo, 1.357 personas sufrieron 1.646 enfermedades cardiovasculares, lo que supondría una incidencia de 5.2 casos por cada 1.000 persona-años de seguimiento.

La mediana de la tasa de filtración glomerular estimada (TFGe, por sus siglas en inglés) anterior a los episodios de enfermedad cardiovascular fue, en aquellas personas que experimentaron este tipo de enfermedades, significativamente inferior a la observada en aquellas personas que no las sufrieron (TFGe: 85ml/min/1.73m2 y a 94 ml/min/1.73m2; respectivamente).

En el estudio se describió una clara relación entre los niveles iniciales de TFGe y la incidencia de enfermedades cardiovasculares.

Durante los primeros 5 años de seguimiento, el 2% de los participantes con una TFGe basal superior a 90 ml/min/1.73m2 experimentaron enfermedades cardiovasculares, mientras que en aquellos con una TFGe inicial entre 60-90 ml/min/1.73m2,el porcentaje fue del 4%; entre quienes tenían una TFGe basal entre 30-60 ml/min/1.73m2 fue del 11% y entre aquellos con una TFGe inicial inferior a 30 ml/min/1.73m2 fue del 21%.

En el análisis inicial de los resultados se observó una fuerte relación entre el empeoramiento del valor inicial de la TFGe al inicio del estudio y el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular, ya que la tasa de incidencia se incrementó desde el 1.00 entre aquellas personas con una TFGe mayor 90 ml/min/1.73m2 hasta 14.09 entre quienes tenían una TFGe menor 30 ml/min/1.73m2.

De forma destacada, el factor de confusión "edad" explicó en gran medida la relación entre la TFGe y el riesgo de enfermedad cardiovascular en niveles de TFGe superiores a 30 ml/min/1.73m2.

No obstante, los niveles de TFGe inferiores a 80 ml/min/1.73m2 se asociaron con un incremento de la incidencia de enfermedad cardiovascular en aproximadamente un 30-40%.

Estas relaciones se mantuvieron tras tener en cuenta factores tales como el uso de terapia antirretroviral o la edad.

Un análisis más extenso mostró que las personas con una puntuación más alta en la escala de riesgo de enfermedad renal a 5 años presentaban un riesgo más de dos veces superior de sufrir enfermedades cardiovasculares dentro de dicho período en comparación con aquellas personas con puntuaciones moderadas.

También se halló que el desarrollo de una enfermedad cardiovascular mortal estaba relacionado con la puntuación en la TFGe, donde las personas con una TFGe mayor 90 ml/min/1.73m2 tenían un riesgo del 4% y dicha cifra ascendía hasta el 25% en aquellas con una TFGe menor 30 ml/min/1.73m2.

Los resultados de este estudio subrayan la importancia de evaluar el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular en personas con el VIH e insuficiencia renal, en particular en aquellas de mayor edad.

Fuente: Aidsmap
Referencia: Ryom L., Smit C., Ross M., et al. Renal impairment and cardiovascular disease in HIV-positive individuals; the D:A:D study. The Journal of Infectious Diseases, online edition, 2016.




Website Aidsmap:

Website The Journal of Infectious Diseases:

Detener el SIDA para el Año 2030 es en Realidad Bastante Improbable

A pesar de todos los discursos emocionados de poner fin a la epidemia, las tasas de infección de VIH anuales globales no han disminuido desde hace una década.

Sólo hay una posibilidad distante que el mundo va a ver el fin de la epidemia de SIDA en los próximos 15 años dadas las tendencias actuales, Aidsmap informa.

Esta realidad está en marcado contraste con gran parte del optimismo, y podría decirse que hiperbólica, la retórica que sale de diversas organizaciones no lucrativas y organizaciones no gubernamentales en los últimos años.

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) ha establecido objetivos ambiciosos para 2020: conseguir el 90 por ciento de la población mundial de VIH diagnosticados, el 90 por ciento de ese grupo de tratamiento y el 90 por ciento de ese grupo de forma viral suprimida, para un vírica global tasa de supresión de 73 por ciento.

El logro de los objetivos 90-90-90, los proyectos de los organismos, sería fundamental para acabar con el SIDA como una crisis de salud pública en 2030.

La publicación de sus hallazgos en la revista The Lancet, los investigadores analizaron los datos de la Carga Global de Enfermedad de estudios que abarca desde 1980 hasta 2015 con el fin de encontrar las tendencias en la incidencia del VIH (nuevas infecciones anuales), la prevalencia (número total de personas que viven con el virus), el uso de los antirretrovirales y la mortalidad.

Se examinaron los datos de 195 países.

En 1997, la incidencia del VIH alcanzó su punto máximo, en 3,3 millones de nuevas infecciones, y luego se redujo en un 4,8 por ciento por año hasta el 2005.

Entre 2005 y 2015, como la investigación dejó claro el poder de los antirretrovirales para prevenir la transmisión del VIH, la tasa de infecciones se mantuvo relativamente constante, oscilando entre 2,5 millones y 2,6 millones de dólares anuales.

El número de personas que viven con el virus sólo ha crecido con el paso de los años, aunque más lentamente durante este siglo.

En 1985, 2,4 millones de personas vivían con el VIH en todo el mundo, una cifra que se disparó a 28 millones para el año 2000.

Durante los siguientes 15 años, la prevalencia del VIH aumentó en un promedio del 0,8 por ciento al año, alcanzando un estimado de 38,8 millones en 2015.

Tres cuartas partes de las transmisiones de VIH en 2015 se produjeron en el África subsahariana, se estimaba que había 1,8 millones de personas contrajeron el virus.

Entre 2005 y 2015, la incidencia del VIH aumentó en 102 de los 195 países analizados en el estudio, entre ellos Egipto, Pakistán, Kenia, Filipinas, Camboya, México y Rusia.

El año más mortal en la epidemia era de 2005, que registró 1,8 millones de muertes. En 2015, la tasa de mortalidad anual ha disminuido a 1,2 millones.

Alcanzar la meta de conseguir el 81 por ciento de la población con VIH de cada nación en ARV a finales de la década de ONUSIDA requeriría duplicar la tasa de los que recibieron la terapia.

En 2015, sólo el 41 por ciento de las personas que viven con el virus en todo el mundo estaban en tratamiento.




Website Aidsmap:

Website The Lancet:

Los Incentivos en Efectivo para los Usuarios de Drogas no Mejoran la Salud del VIH

Un programa que ofrece dinero en efectivo para el cambio de comportamiento no mejoró la tasa de supresión viral entre esta población.

Un programa de incentivos financieros no ha logrado mejorar la tasa de supresión viral en consumidores de drogas que viven con el VIH.

La publicación de sus hallazgos en la revista Journal of the American Medical Association, los investigadores estudiaron una intervención estructurada de navegación del paciente, se administra con o sin incentivos financieros, destinados a mejorar las tasas de supresión viral entre los usuarios de sustancias con cargas virales elevadas.

Entre julio de 2012 y enero de 2014, los usuarios de sustancias 801 VIH-positivas que eran pacientes en 11 hospitales de Estados Unidos fueron asignados al azar para recibir una intervención del paciente navegación, una intervención de navegación de pacientes, así como estímulos financieros o el tratamiento habitual.

El sistema de navegación de pacientes incluidos hasta 11 sesiones de coordinación de la atención de la salud con el manejo de casos y entrevistas motivacionales más de seis meses.

Los incentivos financieros podrían ser tan grande como $ 1160 y se les dio cuando los participantes logran ciertos comportamientos de referencia con el fin último de reducir el consumo de sustancias, aumentando su compromiso con el cuidado de la salud relacionados con el VIH y la mejora de los resultados de salud relacionados con el VIH.

El tratamiento habitual significaba el hospital siguió su práctica estándar para vincular a los pacientes hospitalizados a pacientes ambulatorios atención del VIH y tratamiento de los trastornos por uso de sustancias.

No hubo diferencias estadísticamente significativas entre los grupos en el porcentaje de los que tenían una carga viral suprimida totalmente 12 meses en el programa.

Los tres grupos tuvieron tasas de supresión completa en el rango medio de 30 por ciento.




Website Columbia University:

Website JAMA:

La Infección por VIH entre las Mujeres: Las Estrategias para Abordar los Desafíos de 3 Claves Mundiales

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Website Clinical Care Options (CCO):

Uso de Efavirenz y Riesgo de Suicidio

Los autores consideran recomendable detectar cualquier problema psiquiátrico preexistente antes de que la persona inicie un tratamiento antirretroviral que contenga Efavirenz.

Durante mucho tiempo Efavirenz (Sustiva®, también en el comprimido combinado Atripla®) fue uno de los antirretrovirales más empleados en el tratamiento del VIH, pero sus efectos sobre el sistema nervioso central (principalmente confusión y alteración del sueño) han hecho que su uso haya decaído.

Del mismo modo, era conocido que muchas personas que tomaban el fármaco experimentaban pensamientos suicidas y comportamientos similares a la psicosis, aunque los estudios que examinaron la posible relación entre Efavirenz y los suicidios han arrojado resultados contradictorios.

En consecuencia, un equipo de investigadores de Londres (Reino Unido) decidió examinar los datos del estudio START para determinar la probabilidad de desarrollar comportamientos suicidas en personas con el VIH que toman un tratamiento que contiene Efavirenz, en comparación con las que no incluían este fármaco en su régimen.

Los resultados de este análisis fueron presentados el pasado mes de julio en la 21 Conferencia Internacional del Sida (AIDS 2016), que se celebró en Durban (Sudáfrica).

El estudio START fue diseñado para evaluar cuál era el momento óptimo para iniciar el tratamiento antirretroviral.

Los participantes (con recuentos de CD4 superiores a 500 células/mm3) fueron distribuidos de forma aleatoria para iniciar el tratamiento inmediatamente o para esperar a que sus niveles de CD4 llegaran a 350 células/mm3 (que en aquel momento era el umbral fijado para el inicio del tratamiento).

El pasado año se hicieron públicas los hallazgos de dicho estudio que revelaron que las personas con el VIH que inician el tratamiento antirretroviral cuando sus recuentos de células CD4 se sitúan por encima de 500 células/mm3 presentan un menor riesgo (un 57% inferior) de desarrollar enfermedades graves (tanto asociadas a sida como no relacionadas con dicho síndrome) o de fallecer que las que comienzan la terapia cuando sus recuentos de CD4 llegan a 350 células/mm3.

En dicho estudio participaron 4.685 personas y se habían descrito 27 casos de comportamiento suicida o de autolesiones en el grupo de inicio inmediato del tratamiento y 24 en el brazo que pospuso su comienzo, una diferencia no estadísticamente significativa.

Sin embargo, en esta ocasión se decidió comprobar si había diferencias en función del régimen antirretroviral.

Tres cuartas partes de los participantes (3.516) tomaron un tratamiento que contenía Efavirenz, mientras que 1.169 recibieron un tratamiento que no incluía este fármaco.

Por otro lado, se comprobó que 270 de las personas participantes presentaban un historial de diagnósticos psiquiátricos y 316 empleaban medicamentos tales como antidepresivos o antipsicóticos.

Los eventos definidos como comportamientos suicidas fueron: pensamientos suicidas (16), intentos de suicidio (30), suicidios cumplidos (3), pensamientos sobre autolesiones (1) e intentos de autolesión (1).

Entre las personas que tomaban Efavirenz como parte de su tratamiento se registraron 29 eventos (18 en el brazo de inicio inmediato y 11 en el brazo de inicio pospuesto).

Por su parte, en el grupo sin Efavirenz se registraron 22 eventos (9 en el brazo de inicio inmediato y 13 en el de inicio pospuesto).

Con independencia del régimen antiretroviral, los eventos suicidas fueron más habituales entre personas que tenían un diagnóstico psiquiátrico previo.

En conjunto, las tasas de eventos suicidas fueron de 0,28 por cada 100 paciente-años en el caso de Efavirenz, frente a 0,63 por cada 100 paciente-años en el grupo sin Efavirenz.

Sin embargo, la tasa general más baja puede deberse al hecho de que las personas con problemas psiquiátricos tuvieron más probabilidades de no recibir Efavirenz.

El equipo de investigadores señaló que la tasa de eventos suicidas fue superior, en el caso de las personas tratadas con Efavirenz, en el brazo de inicio inmediato frente al de inicio pospuesto (cociente de riesgo instantáneo [HR, en sus siglas en inglés]: 1,4; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 0,3-3,0), aunque dados los relativamente pocos casos registrados dicha diferencia no alcanzó valores significativos (p= 0,37).

En el caso del grupo sin Efavirenz, la tendencia -aunque también no significativa- fue exactamente la opuesta (HR: 0,7; IC95%: 0,3-1,8; p= 0,5).

En el grupo con Efavirenz, estos eventos se registraron principalmente en el primer año de terapia, mientras que en el caso de las personas que no tomaron Efavirenz no se apreció un cambio en la frecuencia de los eventos entre las dos estrategias analizadas durante ese período.

De forma destacable , al comparar los eventos acaecidos en el grupo de inicio inmediato con los que tuvieron lugar en el grupo de inicio diferido (considerando en el caso de este último grupo solo los datos previos al inicio del tratamiento) sí que se observó una diferencia importante entre quienes tomaban Efavirenz y quienes tomaban otros tratamientos: mientras en el grupo con Efavirenz se dieron 17 eventos en el grupo de inicio inmediato y solo 3 en el grupo de inicio diferido; en el grupo sin Efavirenz se dieron 9 eventos en el grupo de inicio inmediato y 8 en el de inicio diferido (razón de HR: 4,0; p= 0,05) .

Al realizar un análisis multivariable, los factores relacionados de forma significativa con las conductas suicidas o de autolesión fueron una mayor edad, el uso de drogas recreativas y el consumo elevado de alcohol.

Sin embargo, el factor más influyente fue el tener un diagnóstico psiquiátrico previo, que aumentó 13 veces la probabilidad de tener dichas conductas.

Los autores del estudio recomiendan realizar un cribado de cualquier problema psiquiátrico preexistente (incluyendo la depresión) antes de iniciar un tratamiento antirretroviral que contenga Efavirenz.

Fuente: Aidsmap
Referencia: Arenas-Pinto A et al. Increased risk of suicidal behaviour with use of efavirenz: results from the START trial. 21st International AIDS Conference, Durban, abstract THAB0202, 2016.




Website Aidsmap:

Website AIDS 2016:

El Tratamiento Frente al VHC se Muestra Seguro y Eficaz en Pacientes en Terapia de Sustitución de Opiáceos

Dos análisis de los estudios ION y ASTRAL muestran tasas similares de adherencia y finalización del tratamiento a las observadas en el resto de participantes de estos ensayos.

Cada vez son más los estudios que muestran que las personas con hepatitis C en terapia de sustitución de opiáceos, entre los que se incluyen también aquellas que continúan teniendo un consumo activo, pueden mantener una buena adherencia al tratamiento frente al virus de la hepatitis C (VHC) y conseguir tasas elevadas de curación.

Dos análisis recientes, cuyos resultados se publicaron en la edición de agosto de la revista Clinical Infectious Diseases, evaluaron el uso de Sofosbuvir/Ledipasvir (Harvoni®) y Sofosbuvir/Velpatasvir (Epclusa®) en esta población clave de pacientes con hepatitis C.

Las personas usuarias de drogas son una población afectada de forma desproporcionada por la hepatitis C en todo el mundo, incluso en aquellos países donde no existen problemas de acceso a los programas de prevención, diagnóstico y tratamiento.

En general, algunos médicos se han mostrado reacios a tratar a las personas usuarias de drogas con hepatitis C por su supuesta falta de adherencia, poca motivación, presencia de problemas psicológicos, existencia de comorbilidades, riesgo de reinfección y la necesidad de una buena infraestructura que asegure su correcto seguimiento.

Sin embargo, con la llegada de los nuevos regímenes basados en antivirales de acción directa frente al VHC –menos tóxicos, más efectivos y más fáciles de tomar– cada vez son más los indicios que confirman que las personas usuarias de drogas pueden beneficiarse también del uso del tratamiento frente a la hepatitis C si mantienen una buena adherencia a la terapia y disponen de suficiente apoyo sociosanitario.

Recientemente, se dieron a conocer los resultados del estudio C-EDGE CO-STAR –diseñado de forma específica para usuarios de drogas inyectables en terapia de sustitución de opiáceos– que mostraron que la combinación de Grazoprevir/Elbasvir (Zepatier®) fue bien tolerada y logró eliminar el VHC en más de un 90% de los participantes de este estudio que estaban infectados por el genotipo 1, 4 y 6.

Los ensayos ION, que evaluaron Sofosbuvir/Ledipasvir con y sin Ribavirina, y los ensayos ASTRAL, que investigaron la combinación Sofosbuvir/Velpatasvir, no fueron diseñados específicamente para personas usuarias de drogas inyectables.

No obstante, en ambos ensayos clínicos, se permitió incluir a participantes con una historia de uso de drogas que estuvieran en terapia de sustitución de opiáceos, pero se excluyó a personas con un consumo activo clínicamente significativo durante el último año y aquellos que dieron positivo en los tests de orina a drogas, o fármacos no prescritos, en las pruebas de cribado iniciales.

Un grupo de investigadores del Instituto Kirby de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia) realizaron un análisis combinado ad hoc –es decir, no planificado en el diseño original del estudio– de los ensayos de fase 3 ION llevados a cabo por Gilead Sciences.

El objetivo de este análisis ad hoc fue evaluar el impacto de la terapia de sustitución de opiáceos y el consumo activo de drogas sobre la capacidad de los participantes para completar el tratamiento, la adherencia, la seguridad y la respuesta virológica sostenida a las 12 semanas tras la finalización del tratamiento (RVS12, lo que equivale a la curación de la infección por el VHC).

El estudio ION-1 inscribió a 865 pacientes Naive con genotipo 1 del VHC con o sin cirrosis hepática; el ION-2, 440 participantes con genotipo 1 no respondedores a un tratamiento previo con o sin cirrosis; y el ION-3, a 647 pacientes Naive con genotipo 1 sin cirrosis.

Los participantes de los estudios ION-1 y ION-2 fueron distribuidos de forma aleatoria para recibir la combinación a dosis fija una vez al día de Sofosbuvir/Ledipasvir administrada durante 12 o 24 semanas con o sin Ribavirina; mientras que los pacientes del estudio ION-3 recibieron la misma combinación durante 12 semanas sin Ribavirina o durante 8 semanas con o sin Ribavirina.

Del total de los 1.952 participantes en los tres ensayos, un total de 70 (4%) estaban en tratamiento de sustitución de opiáceos con metadona o Buprenorfina.

De estos 70 pacientes, alrededor de las dos terceras partes eran hombres; un 90% eran blancos; y la media de edad fue de 47 años.

La mayoría de ellos (89%) nunca había recibido tratamiento frente al VHC, y un 10% tenía cirrosis hepática.

Los resultados muestran que la tasa general de RVS12 en pacientes en terapia de sustitución de opiáceos fue del 94% oscilando entre un 93% y 99% entre los tres ensayos.

La duración de 24 semanas del tratamiento no se mostró mejor que la duración de 12 semanas y añadir Ribavirina no mejoró la eficacia y se asoció con más efectos secundarios.

Las personas en terapia de sustitución de opiáceos tuvieron las mismas probabilidades que el resto de los participantes del estudio de finalizar el tratamiento (97 frente a 98%, de forma respectiva) y de mantener, como mínimo, un 80% de adherencia a la medicación (93 frente a 92%, respectivamente).

El tratamiento se mostró seguro y bien tolerado entre los participantes en terapia de sustitución de opiáceos sin que se registrasen efectos secundarios específicos en esta población de pacientes.

Un 4% de los participantes experimentó efectos secundarios graves, una tasa similar al 3% registrado en los participantes del conjunto de los tres estudios.

Tras la finalización del tratamiento, los investigadores no identificaron ningún caso de reinfección por el VHC entre los pacientes en terapia de sustitución de opiáceos durante las 24 semanas que duró el seguimiento.

Además, se analizaron de forma retrospectiva muestras almacenadas de sangre de los participantes del ensayo ION-1 para detectar la presencia de drogas.

Se halló que aproximadamente una cuarta parte de los participantes (23%) de este ensayo –entre los que se incluyeron también pacientes que no estaban en terapia de sustitución de opiáceos– había consumido drogas mientras habían estado tomando el tratamiento frente a la hepatitis C (en un 15% solo cannabis y en un 8% otras drogas).

No se observaron diferencias en cuanto a la capacidad para finalizar el tratamiento, la RVS o la toxicidad entre los pacientes que consumieron y los que no lo consumieron drogas durante el tratamiento.

En el artículo publicado en Clinical Infectious Diseases, el mismo equipo de investigadores describe un análisis combinado ad hoc de los ensayos ASTRAL, que evaluaron el uso de Sofosbuvir/Velpatasvir.

Esta combinación tiene actividad frente a los genotipos 1, 2, 3, 4 5 y 6 del VHC.

El genotipo 3 es habitual en personas usuarias de drogas inyectables y se considera uno de los más difíciles de tratar con los antivirales de acción directa frente al VHC.

El estudio ASTRAL-1 inscribió a 740 pacientes con hepatitis C con cualquier genotipo del VHC excepto el 3; el ASTRAL-2, a 266 personas con genotipo 2; y el ASTRAL-3, a 552 pacientes con genotipo 3.

En este análisis no se incluyeron los participantes del estudio ASTRAL-4 en el que participan pacientes descompensados ni pacientes del ASTRAL-5 que evalúa el uso de la combinación antiviral en pacientes coinfectados por el VIH y el VHC.

Los participantes del estudio ASTRAL-1 fueron distribuidos de forma aleatoria para recibir una combinación a dosis fijas una vez al día de Sofosbuvir/Velpatasvir o placebo durante 12 semanas; a los pacientes del ASTRAL-2 se les administró Sofosbuvir/Velpatasvir o Sofosbuvir más Ribavirina durante 12 semanas; y los participantes del ASTRAL-3 recibieron Sofosbuvir/Velpatasvir durante 12 semanas o Sofosbuvir más Ribavirina durante 24 semanas.

De entre los 1.035 participantes tratados con Sofosbuvir/Velpatasvir en los 3 ensayos, 51 (5%) estaban en terapia de sustitución de opiáceos con metadona o Buprenorfina.

Alrededor de las tres cuartas partes eran hombres; la media de edad fue de 49 años; un 22% había recibido alguna vez tratamiento frente a la hepatitis C; y un 25% tenía cirrosis. Cerca de la mitad (47%) tenía genotipo 1, seguido por el genotipo 1a (24%), el 2 (16%) y el 4 (12%).

Solamente un paciente tuvo subtipo 1b y ninguno los genotipos 5 o 6. Los resultados muestran una tasa de RVS12 de un 96% en los pacientes en terapia de sustitución de opiáceos, similar a las tasas observadas en el resto de participantes de estos ensayos (95-99%). 

La tasa de curación también fue de un 96% en los pacientes con genotipo 3 del VHC.

De los 2 pacientes en terapia de sustitución de opiáceos que no lograron eliminar el VHC, uno interrumpió el tratamiento después de la primera dosis como consecuencia de los efectos secundarios y otro se perdió durante el seguimiento después de cinco días de tratamiento.

Como en el análisis anterior, el uso de la terapia de sustitución de opiáceos no afectó a la probabilidad de finalizar el tratamiento (96% en persona en terapia de sustitución de opiáceos frente a 99% en el resto de participantes de los ensayos ASTRAL) o de mantener, como mínimo, un 90% de adherencia al tratamiento frente al VHC (90 frente al 96%, de forma respectiva).

Sin embargo, los pacientes en terapia de sustitución de opiáceos con menos de un 90% de adherencia no respondieron igual de bien que los participantes que tuvieron o superaron ese umbral (RVS de un 60% frente a un 100%, respectivamente).

El tratamiento con Sofosbuvir/Velpatasvir se mostró seguro y bien tolerado en pacientes en terapia de sustitución de opiáceos.

Se registró una tasa más elevada de efectos secundarios graves entre los pacientes que recibían tratamiento de sustitución de opiáceos, pero la diferencia no fue estadísticamente significativa (6 frente al 2%).

No se registró ningún caso de reinfección durante las 24 semanas posteriores a la finalización del tratamiento.

Tomados en su conjunto los resultados de ambos análisis se puede concluir que la terapia de sustitución de opiáceos durante el tratamiento de la hepatitis C –y el consumo activo de drogas en los ensayos ION– no tiene un impacto sobre la capacidad para completar el tratamiento, la adherencia, la respuesta virológica sostenida a la semana 12 o la seguridad.

Estos hallazgos añaden evidencia a la importancia de tratar la hepatitis C en usuarios de drogas inyectables, una población sobre la que recae la mayor carga de enfermedad.

No obstante, los autores de estos análisis puntualizan que estos ensayos clínicos inscribieron a pacientes seleccionados que se encontraban en terapia de sustitución de opiáceos de manera estable y excluyeron a pacientes con una historia reciente de consumo de drogas por lo que los resultados podrían no ser representativos de todas las personas que usan drogas inyectables.

Referencia: Grebely J, Mauss S, Brown A, et al. Efficacy and safety of ledipasvir/sofosbuvir with and without ribavirin in patients with chronic HCV genotype 1 infection receiving opioid substitution therapy: Analysis of Phase 3 ION trials. Clinical Infectious Diseases. August 23, 2016.

Grebely J, Dore GJ, Zeuzem S, et al. Efficacy and safety of sofosbuvir/velpatasvir in patients with chronic hepatitis C virus infection receiving opioid substitution therapy: Analysis of Phase 3 ASTRAL trials. Clinical Infectious Diseases. August 23, 2016




Website Clinical Infectious Diseases:

Suecia se Convierte en el Primer País en Alcanzar el Objetivo 90-90-90 de ONUSIDA y la OMS en la Respuesta Frente al VIH

Algunos factores, como tener una epidemia más reducida o disponer de un acceso generalizado al tratamiento antirretroviral, han ayudado a conseguir un objetivo que resulta más difícil para muchos otros países.

Según los resultados de un artículo publicado en HIV Medicine, Suecia se ha convertido en el primer país en alcanzar el objetivo 90-90-90 de ONUSIDA y la OMS.

A finales de 2015, habían sido diagnosticados en Suecia el 90% de los casos de VIH; un 99,8% de los pacientes diagnosticados habían sido vinculados con la atención especializada; un 95,1% de los pacientes que estaban recibiendo atención sanitaria estaban tomando tratamiento antirretroviral; y un 94,7% de los que estaban en tratamiento tenían la carga viral indetectable.

El uso de la terapia antirretroviral ha reducido de forma espectacular las tasas de morbimortalidad en personas con el VIH. Además de tener un beneficio para la salud individual, el tratamiento antirretroviral disminuye notablemente la capacidad de transmitir el virus a personas sin el VIH.

Para que los pacientes puedan sacar el máximo beneficio al tratamiento es necesario que pasen por cada uno de los diferentes pasos de los que consta la cascada de servicios del VIH: diagnóstico, derivación a la atención especializada, retención en la atención, inicio del tratamiento antirretroviral y alcanzar la indetectabilidad viral.

Sin embargo, en muchos contextos –incluso en países de ingresos elevados–, se registran tasas bajas de vinculación y retención en la atención especializada del VIH.

Esto significa que muchos pacientes no están beneficiándose del tratamiento antirretroviral y que, por lo tanto podrían evitarse muertes asociadas al VIH/sida y nuevas infecciones.

En octubre de 2014, ONUSIDA y la OMS lanzaron el objetivo 90-90-90. Esta meta se basa en conseguir, para el año 2020, que un 90% de personas con el VIH conozca su diagnóstico; que un 90% de las personas diagnosticadas reciban tratamiento antirretroviral; y que un 90% de los pacientes en tratamiento alcancen la indetectabilidad viral.

A diferencia de otros objetivos previos, enfocados únicamente en el número de personas que iniciaban el tratamiento del VIH, la meta 90-90-90 centra su atención en el objetivo final del tratamiento: la indetectabilidad viral.

Conseguir el objetivo 90-90-90 significará que, como mínimo, un 73% de todas las personas con el VIH tendrán la carga viral indetectable, una tasa lo suficientemente amplia como para que tenga un impacto importante sobre las tasas de morbimortalidad asociadas al VIH/sida y nuevas infecciones.

Los investigadores suecos utilizaron los datos recopilados a escala nacional para determinar el progreso del país en la consecución del objetivo 90-90-90.

La información sobre los pacientes en la atención clínica se obtuvo de estudio de cohorte sueco InfCare HIV.

A finales de 2015, la base de datos recogía información de 6.946 pacientes diagnosticados del VIH.

Los datos de los sistemas de vigilancia de la Agencia Sueca de Salud Pública indican que se ha diagnosticado a un 90% de las personas con el VIH que viven en Suecia.

Todos los nuevos diagnósticos de VIH son notificados a la Agencia de Salud Pública tanto por los laboratorios clínicos como por los médicos especialistas.

Con el fin de estimar la vinculación con la atención especializada, los investigadores examinaron todos los nuevos diagnósticos de VIH notificados en 2014.

Los investigadores pudieron comprobar que de entre los 471 casos notificados, 469 habían sido derivados a la atención especializada lo que supone un 99,8% de los nuevos diagnósticos de VIH notificados en 2014.

Por lo que respecta a la retención de los pacientes en el seguimiento clínico, los investigadores revisaron los historiales de los 661 pacientes que habían sido dados de alta en la atención especializada en 2013 y 2014.

A finales de 2015, 612 de estos pacientes todavía continuaban en la atención médica.

El análisis de los 49 pacientes que habían abandonado aparentemente el seguimiento médico reveló que 29 se habían trasladado al extranjero; 11 habían fallecido; y 9 fueron pérdidas del seguimiento.

A otros nueve pacientes no se les había realizado controles de laboratorio los nueves meses previos por lo que se les consideró también pérdidas de seguimiento.

Por consiguiente, 603 de 621 pacientes (97,1%) fueron derivados y retenidos en la atención clínica.

A finales de 2015, 6.605 de los 6.946 (95,1%) de los pacientes incluidos en la cohorte InfCare HIV estaban recibiendo tratamiento antirretroviral.

Un total de 6.395 pacientes habían estado tomando tratamiento antirretroviral durante, como mínimo, seis meses y un 94,7% de estas personas había alcanzado la indetectabilidad viral (menor 50 copias/mL).

El porcentaje se elevó al 98% cuando se utilizó el umbral de las 200 copias/mL para la indetectabilidad viral.

En sus conclusiones, los investigadores señalan que el objetivo 90-90-90 de ONUSIDA y la OMS dirigido a que el 73% del total de personas con el VIH alcancen la indetectabilidad viral se ha logrado en Suecia (90-95-94).

Esto significa que, del total de personas con el VIH en Suecia, un 90% ha sido diagnosticado; un 83% está tomando tratamiento antirretroviral; y un 78% tiene la carga viral indetectable.

Con todo, consideran que no deberían contentarse con estos buenos resultados sino que deberían continuar mejorando las estrategias de prevención e incrementar sus esfuerzos por diagnosticar a todas aquellas personas que tienen el VIH y no lo saben.

Según los investigadores, entre los factores clave que han facilitado la consecución del objetivo de ONUSIDA y la OMS, figuran el reducido tamaño de la epidemia en Suecia; la legislación sueca que obliga a médicos y laboratorios a notificar los nuevos diagnósticos, y a los pacientes a no abandonar el seguimiento médico; la derivación a centros de atención especializada con equipos multidisciplinares; el acceso gratuito al tratamiento; el elevado nivel de seguimiento de los profesionales sanitarios a las guías clínicas nacionales que, desde 2014, recomiendan el tratamiento antirretroviral a todos los pacientes.

Fuente: Aidsmap
Referencia: Gisslén M, Sedhem V, Lindborg L, et al. Sweden, the first country to achieve the Joint United Nations Programme on HIV/AIDS (UNAIDS)/World Health Organization (WHO) 90-90-90 continuum of HIV care targets. HIV Medicine (2016), online edition. DOI: 10.1111/hiv.12431 (2016).




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